Si no tengo nada que perder, ¿por qué el miedo? Si acepto lo peor que pueda suceder, ¿qué más da? La despreocupación bien llevada es maravillosa, porque si nada me es indispensable, el miedo no tendrá dónde echar raíces.
"El miedo llamó a la puerta, la confianza abrió y afuera no había nadie." -Proverbio Chino
Les confieso que casi nada ha salido como yo lo había imaginado hace 20 años:
Por donde dije que jamás iría, acabé yendo. Las escaleras que prometí no subir en la vida, las subí de dos en dos. He tenido amigos con los que ahora ya no me une nada y por el camino he encontrado personas maravillosas con las que hace años no hubiera compartido ni un café.
He peleado hasta la extenuación por causas perdidas en las que ahora no invertiría ni un minuto de mi tiempo y he encontrado el sentido de mi vida en momentos que hace años me habrían pasado inadvertidos.
Cómo se hace para pedir ayuda, para contarle a alguien que un desgarro interior no te deja dormir, cómo se llega a aprender que hay amores que han caducado, que prolongarlos es pudrirlos, cómo aprender a no defenderse, a tener dignidad...
Imagínense por un segundo que cargan una mochila. Quiero que sientan los lazos en sus hombros. ¿Los sienten? Quiero que lo llenen con todas las cosas que tienen en su vida, hasta las más pequeñas. Collares, relojes electrónicos. Sientan el peso que eso añade. Añadan otras cosas, ropa, electrodomésticos, lámparas, televisores, refrigeradores. Esa mochila se hace pesada, pero sigue creciendo. Su sofá, la cama, la TV por cable. Todo eso. Metan su auto, su casa, ya sea con estudio o sólo un departamento de dos ambientes. Quiero que metan todo eso en la mochila. Ahora traten de caminar. Es difícil, ¿cierto? Eso es lo que hacemos diariamente. Nos cargamos de tanto peso hasta que no nos podemos mover. Y no se equivoquen: moverse es vivir.
Espero curarme de ti en unos días. Debo dejar de fumarte, de beberte, de pensarte. Es posible. Siguiendo las prescripciones de la moral en turno. Me receto tiempo, abstinencia, soledad. ¿Te parece bien que te quiera nada más una semana? No es mucho, ni es poco, es bastante. En una semana se puede reunir todas las palabras de amor que se han pronunciado sobre la tierra y se les puede prender fuego. Te voy a calentar con esa hoguera del amor quemado. Y también el silencio. Porque las mejores palabras del amor están entre dos gentes que no se dicen nada. Hay que quemar también ese otro lenguaje lateral y subversivo del que ama. (Tú sabes cómo te digo que te quiero cuando digo: «qué calor hace», «dame agua», «¿sabes manejar?», «se hizo de noche»... Entre las gentes, a un lado de tus gentes y las mías, te he dicho «ya es tarde», y tú sabías que decía «te quiero»). Una semana más para reunir todo el amor del tiempo. Para dártelo. Para que hagas con él lo que quieras: guardarlo, acariciarlo, tirarlo a la basura. No sirve, es cierto. Sólo quiero una semana para entender las cosas. Porque esto es muy parecido a estar saliendo de un manicomio para entrar a un panteón. - Jaime Sabines. Espero curarme de ti
Cambio: No nos gusta, lo tememos, pero no podemos evitar que llegue. O nos adaptamos al cambio, o nos quedamos atrás. Duele crecer, cualquiera que te diga que no es verdad, está mintiendo. Pero aquí está la verdad: a veces, cuanto más cambian las cosas, más permanecen igual. Y a veces, oh, a veces el cambio es bueno. A veces el cambio lo es todo.
Todos los cambios, aun los más ansiados, llevan consigo cierta melancolía, porque aquello que dejamos es una parte de nosotros mismos: debemos morir una vida para entrar en otra..
Viví tu historia y aunque no tenía colmillos ni garras, mi pasado me alejaba de mi amada. Aprendí que conquistar no es cazar y que amar no es exigir. Te prestaría al Genio y sus deseos pero si Caperucita no quiere verte, ni así fueras aire, ella te respiraría. Ambos tomaron otros rumbos y escribieron varias líneas con otros personajes. Deberías aceptar su distancia y su silencio. A veces necesitamos morir en un cuento para tener un final felíz en otro.
No te aferres al pasado ni a los recuerdos tristes. No reabras la herida que ya cicatrizó. No revivas los dolores y sufrimientos antiguos. ¡Lo que pasó, pasó! De ahora en adelante, pon tus fuerzas en construir una vida nueva, orientada hacia lo alto, y camina de frente, sin mirar atrás. Haz como el sol que nace cada día, sin pensar en la noche que pasó.
Aunque desee avanzar en su vida, es posible que tenga un pie en los frenos. Para ser libres, debemos aprender a soltar. Libera el dolor. Libera el miedo. Niégate a entretener tu antiguo dolor. La energía que se necesita para aferrarse al pasado te está impidiendo una nueva vida. ¿Qué es lo que dejarías ir hoy?
Por eso es tan importante dejar que ciertas cosas se vayan. Soltar. Desprenderse. La gente tiene que entender que nadie está jugando con cartas marcadas, a veces ganamos y a veces perdemos. No esperes que te devuelvan algo, no esperes que reconozcan tu esfuerzo, que descubran tu genio, que entiendan tu amor. Cerrando ciclos. No por orgullo, por incapacidad o por soberbia, sino porque simplemente aquello no encaja en tu vida. Cierra la puerta, cambia el disco, limpia la casa, sacude el polvo. Deja de ser quien eras, y transfórmate en quien eres.