lunes, 16 de octubre de 2017

La felicidad no espera turno


La felicidad no espera turno. Te eleva y te quita el miedo a las alturas. Luego te suelta. Y le das las gracias mientras caes.

- Carlos Salem


Calladitos nos vemos mas bonito...


Shhhh… Hay algunos secretos que no deberías contar

El secreto más grande de Eduardo es que estuvo en la cárcel en dos ocasiones, ambas tras ser arrestado por conducir bajo la influencia del alcohol. La segunda vez pasó 90 días tras las rejas reflexionando sobre su vida.

Esas reflexiones lo ayudaron a hacer mejores elecciones en los 10 años que han pasado desde entonces, comenta, pero aún teme que alguien pudiera descubrir lo que está ocultando.

Eduardo y las otras personas que aceptaron dar su testimonio para esta nota solicitaron que sus nombres reales fueran cambiados para proteger sus identidades.

“No es por vergüenza la razón por la que mantengo mi secreto”, dice Eduardo, de 35 años, quien vive en Estados Unidos, pero lamenta que tal vez nunca pueda trabajar en una dependencia pública porque su secreto saldría a la luz.

Las personas guardamos secretos por diferentes razones.

Sam von Reiche, psicóloga de Nueva Jersey, considera que todo el mundo guarda secretos.

“Todos tenemos la sensación de que hemos hecho algo malo, o de que hay algo malo sobre nosotros o un poco decepcionante”, comentó, “creo que es parte de la condición humana”.

Generalmente, dice von Reiche, “algunos secretos crean la sensación de estar separado de los demás" y no dejan a la persona sentirse verdaderamente autentica.

Pero los psicólogos coinciden en que también hay situaciones donde podría ser más conveniente guardar la información, incluso no decírsela a amigos cercanos, sobre todo si revelar esos secretos causarían más dolor a la persona y a los demás.

Atracción tras un abuso

Nancy, de 21 años, aún se encuentra lidiando con la atracción que siente por su exnovio, quien abusó físicamente de ella. Estuvieron juntos por cuatro meses mientras estudiaba la universidad y después terminaron, al menos eso fue lo que los amigos de Nancy pensaban.

Pero en secreto Nancy volvió con él una semana después. No quería que sus amigos lo supieran porque sabía que le dirían que era una mala idea.

“Estaba convencida de que él cambiaría, fue mi culpa”, dijo. Tres meses después, la relación de Nancy terminó cuando tuvo que llamar a la policía debido al abuso.

Nancy, quien también vive en Estados Unidos, ha visto a un terapeuta, pero secretamente extraña a su ex pese al abuso. Encontró un sitio web llamado Secret Regrets (Arrepentimientos secretos) donde las personas pueden compartir de forma anónima situaciones que nadie conoce.

“Me arrepiento de no ser capaz de dejarte ir”, escribió Nancy ahí “Volví contigo por segunda ocasión pese a que ya sabía exactamente qué iba a pasar”.

Kevin Hansen, quien fundó Secret Regrets, ha juntado al menos 25,000 confesiones de personas que están escondiendo algo a los demás. El sentir de muchos de ellos, explica, es que “nadie podría comprender lo que están pasando”. El escribir de forma anónima lo hace más fácil de compartir.

Hansen “siempre ha sido un apasionado de ayudar a las personas”, según su sitio web. Estudió psicología y comportamiento humano mientras obtenía un título en negocios “y ahora, ha descubierto una increíble manera de alcanzar a las personas que están lidiando con los errores más graves de sus vidas y conectarlos con otros que saben por lo que están pasando”.

Las respuestas de otros usuarios anónimos ha ayudado a Nancy, comenta. Algunos de los mensajes decían cosas como “tú te zafaste mucho antes que yo”.

Cualquiera que mantenga secretos sobre abuso debería buscar ayuda profesional, dice Bobbie McDonald, una psicóloga de Newport Beach, California. Un experto puede ayudar a las personas a obtener las herramientas correctas para superarlo o denunciar el caso.

Aborto

Irene, de 23 años, supo que estaba embarazada en agosto de 2009. Su novio en ese momento no quería que tuviera el bebé. En un inicio ella quería continuar, aunque después cambió de idea.

Irene, quien vive en el sur de Estados Unidos, no le contó a nadie de su familia hasta que abortó. Su madre no le habló por dos semanas, pero eventualmente se calmó, contó.

Todos a quienes les ha dicho la han apoyado, pero no es algo que comparte con cualquiera. Sus abuelos, por ejemplo, no lo saben. Como Nancy, encontró apoyo en el sitio web Secret Regrets, donde varias mujeres le dijeron que todo será más fácil con el paso del tiempo.

El embarazo y el aborto la hacían sentir avergonzada e Irene solía llorar mucho por ello. Estos días, es capaz de decirse a sí misma que tomó la decisión correcta. Terminó la escuela y salió de la relación disfuncional que tenía con su novio.

“El perdonarse a uno mismo es elemental para superar el pasado sin importar que tan secreto sea”, consideró von Reiche, quien en ocasiones asigna a sus pacientes una tarea: escribe 15 razones por las que te perdonas a ti mismo.

Estilos de vida

Raquel, de 26 años, no quiere que sus colegas del trabajo se enteren que disfruta usar disfraces de animales. En su estudio mantiene escondidos su atuendo de cuerpo completo que imita la piel de un leopardo y una cabeza de lobo.

En la cultura estadounidense, se considera que la gente del movimiento furry, como se conoce en inglés, disfruta tener sexo con disfraces de animales, para ella se trata solo de disfrutar disfrazarse de personajes de caricaturas o criaturas fantásticas como una forma de definirse a sí mismo a través de las características de un animal.

Pese a que disfruta ir a las convenciones de los furry, intenta mantenerlo oculto en el trabajo.

Es importante que las personas se sientan cómodas con todos los aspectos de si mismos, consideró la doctora McDonald. Pero hay situaciones donde revelar parte de su identidad causaría más daño que bienestar.

“Puede ser dañino revelar ciertos aspectos de nosotros mismos si hay personas cercanas a nosotros que encontrarían muy difícil aceptarlo, debido al dolor y la separación que generaría revelarlo”, opínó McDonald.

Amoríos

“Mi más grande arrepentimiento es que comencé a engañar a mi esposo”, escribió una mujer en el sitio Secret Regrets. “Cada vez que lo hago digo que será la última vez, pero nunca lo es. No sé cómo parar, me siento muy culpable por ello”.

Es un secreto que los psicólogos suelen oír muy seguido, que alguien engañó a su pareja.

Si es una transgresión que ocurrió en una única ocasión, tal vez un desliz en un viaje de negocios, valdría la pena no decírselo a tu pareja, dijo Karen Sherman, una psicóloga de Long Island, Nueva York.

Algunos terapeutas pueden decir que la honestidad es importante sí implica que sanará la relación, opinó Sherman. Pero consideró que depende de cada caso. “A veces se genera más daño diciéndolo”, consideró.

Si estás involucrado en un amorío deberías terminar una relación o la otra, opinó McDonald. “Pienso que es importante tomarse un tiempo para analizar los aspectos de tu situación.

El propósito de los secretos

La vergüenza y miedo a no sentirse aceptado generalmente son los motivos detrás de mantener algo en secreto.

Pero la ansiedad que se genera con algunos secretos no es del todo dañina, opinó von Reiche. Como la nausea “la ansiedad es la forma que tu mente tiene de decirte que algo que estás cargando necesita ser purgado”, opinó.

En otras palabras, las personas podrían sentirse mejor si confiesan su secreto en un entorno seguro, a un amigo de confianza, a un miembro de su familia o a un profesional de la salud mental.

Pero el mensaje principal de los casos anteriores es que deberían medir las consecuencias, tanto para ellos como para las otras personas. Pensar a quien se lo dirán, cómo podría reaccionar la persona y si los dos se sentirán mejor.

“Si el mundo se encontrara listo para aceptar a todos, sería un mejor lugar”, opinó McDonald. “En una sociedad ideal no tendríamos que tener secretos. ¿Que si pienso que podría suceder en tu tiempo de vida o en el mío? No”, concluyó.

Fuente: CNN


♪ ♫ ♩ ♬
Pero no me preguntes
la historia de mi vida;
mi vida  ha comenzado
cuando llegaste tú;
porque, antes,
en sus páginas,
hay tantos desengaños,
mentiras y fracasos
en cosas del amor.


domingo, 15 de octubre de 2017

Te prometo que si vienes le daré cuerda a mi locura para que baile contigo.


Te prometo que si vienes le daré cuerda a mi locura para que baile contigo. Bajaré el volumen de mi música para escucharte, aunque no estés hablando. Le robaré horas a mi sueño para besarte dormido, y cambiaré el café de las mañanas por un sorbo de tus labios. Pero ven, que se me hace tarde para abrazarte, que mi vida es tan perfecta que se ha vuelto un desastre y necesito que vengas a revolver mis horas, y quedarte aquí conmigo. 

—Edith de La Vega
“Libre”

sábado, 14 de octubre de 2017

Estos jóvenes migrantes venezolanos


Estoy segura de que nunca en su vida barrió el piso de su casa. Estoy segura de que además nunca cocinó, nunca lavó su ropa ni nunca zurció una media. Estoy segura de que cuando iba a algún restaurant, miraba con cierto aire de superioridad al mesonero que lo atendía y a veces –perverso- le limitaba la propina. Estoy segura de que veía con cierto desdén mezclado con lástima a quien le cuidaba el auto en la calle, e intercambiaba apenas cuatro palabras imprescindibles (y si eran menos, mejor) con la cajera del supermercado o a la recepcionista del consultorio médico.

En su vida “antes de” era quizás un estudiante de los últimos años de una buena universidad, o un recien graduado con pasantías en importantes empresas, o una joven promesa de su disciplina, o un profesional que escalaba rápidamente puestos en la compañía.

Desde niño seguramente se trazó un camino hacia el éxito profesional. Nunca le tocó más que dedicarse al cultivo de sí mismo, nunca se mentalizó que iba a hacer otra cosa. Su vida era estudiar y su destino graduarse y trabajar en una buena empresa.

A pesar del país en el que vivía.

A pesar del horror.

Pero a este joven le tocó migrar.

Y, como a él, a todos estos jóvenes venezolanos les tocó huír, salir corriendo de un país descuartizado.

Y ahora los veo aquí en Santiago de Chile (pero también están en Bogotá o Madrid, en Miami o Lima, en Londres o Buenos Aires y pare de contar…), los veo por todas partes, allí están los jóvenes venezolanos trabajando.  Y siempre les pregunto qué hacen, de dónde vienen, cómo se sienten.

Veo, por ejemplo, a un ingeniero civil trabajando de garzón en un restaurant chino, a una arquitecta laborando en la cocina de un hotel, a una abogada lavando baños, a una publicista pintando uñas a domicilio, a una médico haciendo de recepcionista en un consultorio odontológico, a una psicóloga atendiendo llamadas en un call center, a un periodista cargando cajas en un almacén, a un administrador de empresas haciendo empanadas venezolanas y vendiéndolas en los alrededores del mercado La Vega.

Veo, por ejemplo, a un ingeniero civil trabajando de garzón en un restaurant chino, a una arquitecta laborando en la cocina de un hotel, a una abogada lavando baños, a una publicista pintando uñas a domicilio, a una médico haciendo de recepcionista en un consultorio odontológico, a una psicóloga atendiendo llamadas en un call center, a un periodista cargando cajas en un almacén, a un administrador de empresas haciendo empanadas venezolanas y vendiéndolas en los alrededores del mercado La Vega.

Ninguno se queja.

Ninguno critica.

Les toca limpiar pisos, fregar platos, trabajar hasta muy tarde en la noche. Lo que nunca.

Pero repito.

Ninguno se queja.

Ninguno critica.

Están contentos.

Y cuando tienen un ratico libre se compran un vino y, en la azotea de uno de esos edificios del centro que están llenos de venezolanos, donde hay piscina y gimnasio, ponen música y comparten con sus amigos. Crean lazos familiares con sus vecinos o sus compañeros de la pega. Se imaginan a su mamá en otras señoras, se inventan hermanos entre los demás compatriotas. Tienen como mesa familiar un chat de whatsapp o un grupo de Facebook.

Parecen alegres, pero también están tristes.

Como los sobrevivientes en un bote salvavidas.

Pero de pronto pienso que esos chicos, esa generación de venezolanos profesionales que están pasando trabajo, que lloran a los suyos, que están “echándole bola” (trabajando duro, para los lectores chilenos), van a ser una gran generación. Porque estos muchachos tienen la formación profesional, pero a la vez están aprendiendo una importante lección de humildad, de ponerse en el lugar del otro, de entender el valor de las labores más sencillas. Están aprendiendo que detrás de cada oficio hay un ser humano, que nadie es mejor que el otro. Además están aprendiendo a entender otro país, otra cultura, otras voces, otras formas. Están aprendiendo –literalmente- a ganarse el pan con el sudor de su frente, de sus piernas, de sus brazos, de sus hombros.

Quiero creer que esta generación será más fuerte. Que será también más bondadosa. Cuando el ingeniero encuentre trabajo en una  empresa minera, ya no mirará con menosprecio al garzón que lo atiende en el restaurant; cuando la doctora trabaje en una clínica valorará la labor de su recepcionista (o tal vez el ingeniero se quede por mucho tiempo como garzón y la médico como recepcionista, y descubran que la vida también así es bella).  Eso sí, cuando ellos vean a una persona vendiendo comida en la calle, la mirarán a los ojos, le preguntarán cómo está, le contarán su propia historia, le darán aliento.

Creo que no solo estos muchachos ganarán, como individuos, con esta vivencia migrante. También ganará Chile (o el país que los reciba) porque serán ciudadanos agradecidos con la nación que les dio una oportunidad y la asumirán –y defenderán- como suya. Por eso, cuando en Chile (o en otros países receptores) se abre el debate sobre la migración, yo me pregunto si quienes critican la presencia de extranjeros han reflexionado sobre lo que la experiencia  migrante significa para el ser humano, cuánto transforma, cuánto nutre, cuánto potencia.

Migrar es un postgrado.

Si mis jóvenes paisanos se quedan en Chile, aportarán su bagaje, sus músculos, su intelecto, y serán hijos de dos naciones.

Y si algún día vuelven a Venezuela, llegarán nutridos de ánimos de reconstrucción y con fortaleza de luchadores.  Han aprendido a valorar lo suyo desde la distancia. Además, nunca perderán los vínculos (ni la gratitud) con el país que los acogió.

Siento que lo mejor que pudo pasarle a Venezuela es esta generación de profesionales que limpian pisos en otras tierras.  Porque sin duda ellos serán mejores personas que todos nosotros. Mejores venezolanos y mejores ciudadanos del mundo

- Mireya Tabuas, periodista, escritora, guionista y dramaturgo venezolana.
Fuente: elmostrador.

viernes, 13 de octubre de 2017

Recuerda que tan solo has venido a vivir.


Y de pronto la vida te detiene, te "sienta" porque quiere hablar contigo y no le has hecho caso. Y te habla, te platica... Te recuerda cosas que tal vez habías olvidado. Y te abraza...

Y en ese abrazo te recuerda que tan solo has venido a vivir. No a luchar, no a salvar, no a pagar ninguna deuda... Solo a vivir



jueves, 12 de octubre de 2017

...me voy pronunciando tu nombre al revés


...me voy pronunciando tu nombre al revés para deshacer el conjuro que me ajoró.

 - María Antonieta Flores


A las mujeres ¿les gustan los hombres malos?


Todos hemos tenido una experiencia que lo corrobora, pero resulta que, además, los científicos han encontrado una explicación evolutiva. De hecho, la ciencia llevaba preguntándose desde hace mucho por qué el carácter impulsivo, el narcisismo obsesivo, el comportamiento cruel como el de los psicópatas, el engaño o el maquiavelismo, hablan seguido manteniéndose en nuestra especie desde tiempos inmemoriales. Pues parece ser que la respuesta está precisamente en la ventaja sexual. David Schmitt, de la Universidad de Bradley en Peoria, Illinois (EE.UU.), ha realizado una encuesta a más de 35.000 personas en 57 países y ha encontrado un vínculo entre estos comportamientos y el éxito reproductivo en los hombres. Parece ser que los chicos malos son considerados más activos sexualmente, con independencia de la cultura, lo que los hace evolutiva y reproductivamente más atractivos.

Deja de ser un imán para los hombres malos, no le entregues tu corazón a un hombre que no te valore o que te haga llorar, en lugar de eso tienes que amarte a ti misma..

Mentaliza junto a ti, como compañero a un hombre bueno, mentaliza lo que esperas de una relación. La mente es poderosa... atrae a un buen hombre... tu buena mujer te lo mereces...





Fuente:elimpulso.