Cada vez que me pongo una máscara para tapar mi realidad, fingiendo ser lo que no soy, fingiendo no ser lo que soy, lo hago para atraer la gente.
Luego descubro que solo atraigo a otros enmascarados, alejando a los demás, debido a un estorbo: la máscara. Uso la mascara para evitar que la gente vea mis debilidades; luego
Pero una cosa es cierta: no me atrevo a juzgarte. Sé que cuando uno ve las cosas desde fuera, cuando uno no se siente complicado en ellas, es muy fácil proclamar qué es lo malo y qué es lo bueno. Pero cuando uno está metido hasta el pescuezo en el problema (y yo he estado muchas veces así), las cosas cambian, la intensidad es otra, aparecen ondas convicciones, inevitables sacrificios y renunciamientos que pueden parecer inexplicables para el que sólo observa.
Nunca digas que amas a alguien si nunca has visto su ira, sus malos hábitos, sus creencias absurdas y sus contradicciones. Todos pueden amar una puesta de sol y la alegría; sólo algunos son capaces de amar el caos y la decadencia.
Me pasé la vida aprendiendo a sentir menos. Cada día sentía menos. ¿Eso es madurar? ¿O es algo peor? Uno no puede protegerse de la tristeza sin protegerse al mismo tiempo de la felicidad.
Lo peor en usted es que se niega a luchar, se da por vencida, no hace más que pensar en la enfermedad y en la muerte. Pero existe algo tan inevitable como la muerte y es ¡la vida!”
Mi consejo es que te vayas lejos, bien lejos. Lejos de las personas complicadas y de las horas malgastadas. Lejos de los problemas, de los reclamos y de las penas. Lejos de todo lo que resta, de lo que apesta y molesta. Lejos de la rutina, de lo que envenena y también contamina.
Mi consejo es que te vayas lejos, bien lejos, porque si no lo hacés, porque si te asustás y decidís, que no, que mejor te quedás en donde no querés estar, es posible que te mueras un rato antes de morir.
La vida me parece demasiado corta para perderla alimentando animosidad o recordando los errores de los otros. Todos cargamos con nuestras faltas en este mundo, pero llegará el día en que nos libraremos de ese peso.
Darle a cada día su propio afán, pero también su propia sonrisa, su propio gozo, su propio color, su propio aroma. Eso es la inteligencia. Porque una inteligencia que no nos ayude a vivir, no la quiero. No me sirve para nada. No creo que le sirva para nada a nadie.
Muchas veces me ha pasado eso: luchar incensatamente contra un obstáculo que me impide hacer algo que juzgo necesario o conveniente, aceptar con rabia la derrota y finalmente, un tiempo después, comprobar que el destino tenía razón.
Fingimos ser lo que no éramos porque nos daba miedo que nos rechazaran. El miedo a ser rechazados se convirtió en el miedo a no ser lo bastante buenos. Al final, acabamos siendo alguien que no éramos. Nos convertimos en una copia de las creencias de mamá, las creencias de papá, las creencias de la sociedad y las creencias de la religión. - Miguel Ángel Ruiz Macías, Los cuatro acuerdos.
La única manera digna de responder a un insulto es hacer caso omiso de él. Si no puede usted hacer caso omiso de él, supérelo. Si no puede superarlo, ríase de él. Si no puede reírse de él, quizá lo merezca.
Imagínense por un segundo que cargan una mochila. Quiero que sientan los lazos en sus hombros. ¿Los sienten? Quiero que lo llenen con todas las cosas que tienen en su vida, hasta las más pequeñas. Collares, relojes electrónicos. Sientan el peso que eso añade. Añadan otras cosas, ropa, electrodomésticos, lámparas, televisores, refrigeradores. Esa mochila se hace pesada, pero sigue creciendo. Su sofá, la cama, la TV por cable. Todo eso. Metan su auto, su casa, ya sea con estudio o sólo un departamento de dos ambientes. Quiero que metan todo eso en la mochila. Ahora traten de caminar. Es difícil, ¿cierto? Eso es lo que hacemos diariamente. Nos cargamos de tanto peso hasta que no nos podemos mover. Y no se equivoquen: moverse es vivir.
Escapa. De todo y de todos. Y cuando creas que estás lo suficientemente lejos, piensa en quién querrías ahí contigo. Así sé yo quién es importante en mi vida.
Cuando somos sensibles, cuando nuestros poros no están cubiertos de las implacables capas, la cercanía con la presencia humana nos sacude, nos alienta, comprendemos que es el otro quien siempre nos salva. Y si hemos llegado a la edad que tenemos es por que otros nos han ido salvando la vida, incesantemente.
A los años que tengo hoy, puedo decir, dolorosamente, que toda vez que nos hemos perdido un encuentro humano algo quedó atrofiado en nosotros, o quebrado. Muchas veces somos incapaces de un genuino encuentro porque sólo reconocemos a los otros en la medida que definen nuestro ser y nuestro modo de sentir, o que nos son propicios a nuestros proyectos. Uno no puede detenerse a en un encuentro porque está atestado de trabajos, de tramites, de ambiciones. Y porque la magnitud de la ciudad nos supera.
Entonces el otro ser humano no nos llega, no lo vemos. Está más a nuestro alcance un desconocido con el que hablamos a través de la computadora.
En la calle en los negocios, en los infinitos trámites, uno sabe -abstractamente- que está tratando con seres humanos, pero en lo concreto tratamos a los demás como a otros tantos servidores informáticos o funcionales. No vivimos esta relación de modo afectivo, como si tuviésemos una capa de protección contra los acontecimientos humanos “desviantes” de la atención. Los otros nos molestan, nos hacen perder el tiempo. Lo que deja al hombre espantosamente solo, como si en medio de tantas personas, o por ello mismo, cundiera el autismo.
Búscame cuando ya estés cansada de dar todo y que no te den nada, cuando ya te canses de amores baratos, cuando extrañes un te quiero, cuando extrañes una caricia, búscame cuando necesites todo y nada a la vez. – José Villa
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Cuando sientas tristeza que no puedas calmar
Cuando haya un vacío que no puedas llenar
Te abrazare, te hare olvidar
Lo que te hizo sufrir, no vas a caer mientras este junto a mi.
Cuando se ama a quien no se debe alientas a los demonios del corazón, a que destruyan sin pensar a la razón, dejando atrás a la cordura, amando pues con locura, quedando ciego ante el engaño y la traición, cuando se ama a quien no se debe, retas a la vida a acabar contigo y ella si que sabe cómo hacerlo.
El humor es otra de las armas con las que el alma lucha por su supervivencia. Es bien sabido que, en la existencia humana, el humor puede proporcionar el distanciamiento necesario para sobreponerse a cualquier situación, aunque no sea más que por unos segundos.
La preocupación priva a la mente de gran parte de su poder y, antes o después, acaba dañando su alma. Para vivir una vida de máxima plenitud hay que montar guardia y dejar que entre en tu jardín sólo la información selecta. No puedes permitirte el lujo de un pensamiento negativo, ni uno solo. Las personas mas alegres, dinámicas y satisfechas de este mundo no difieren mucho de ti o de mi. Todos estamos hechos de carne y hueso. Todos venimos de la misma fuente universal. Sin embargo, los que hacen algo más que existir, los que azuzan las llamas de su potencial humano y saborean la danza mágica de la vida corriente,.Y la más destacada de ellas es que adoptan un paradigma positivo acerca de su mundo y cuanto hay en él.