¿Qué posibilidades hay de conocer a alguien que te inspire esos sentimientos?, se preguntó Park. ¿Una persona a la que amar por siempre, alguien que te quiera por toda la eternidad? ¿Y qué haces si esa persona ha nacido a medio mundo de distancia?
Y si, estás lejos. No es que no te tenga porque nada es realmente mío. Yo soy de apreciar las cosas, de encontrarle sentido o dárselo si no lo tienen. Ahora que estás lejos, sólo me queda contemplarte. Verte ser feliz con quién quieras, con lo que quieras. Agradecer que alguna vez esa sonrisa fue para mí, que esas manos han tocado las mías y que esos labios una vez hicieron el amor conmigo. Así sea en palabras. Y si, estás lejos, ¿qué importa si lo estás? De esa manera, rodeas también mi vida, a una órbita mayor por supuesto, ¿pero qué importa? Pues de esa manera te conviertes en mi paisaje. Y es así como llego amar a tu ausencia.
- J. Porcupine, La vuelta al mundo para abrazarte por la espalda
No es un secreto que guardamos cierto gusto por esos amores que nos cuestan, esos amores que sabemos son complicados, pero que no sabemos desistir de ellos. ¿Quién no se enamoró alguna vez de la distancia que separaba un amor?, ¿quién no se enamoró al menos una vez de los insomnios que provocaba?, sabiendo que sin importar todo eso, nos hacía más felices que ninguna otra cosa.
Domenico Modugno, el gran cantante y compositor italiano, cantaba:
"La distancia es como el viento,
aviva el fuego grande y apaga los pequeños..."
No estoy tan de acuerdo, o mejor, una precisión que nos llega de la psicología: en el amor la distancia, entre los enamorados que no son Romeo y Julieta o Penélope y Ulises,es como un huracán, todo vuela por los aires, aparece algún reemplazo o llega la soledad que nos aplasta con el aburrimiento que suele acompañarla. La distancia apaga todo los amores terrenales, los que no andan por las nubes ni frecuentan vidas anteriores.
El amor hay que sentirlo, hacerlo, olerlo, saborearlo en el día a día.
El amor virtual es demasiado posmoderno para mi gusto. Se que estarán pensado en los grandes amores de la historia que superaron la distancia, el tiempo, las suegras y las guerras. Otros tiempos.
Si ya no te veo por mucho tiempo, mi corazón empezará a a imaginarte y haré un santuario con los recuerdos, pero ya no serás tu, serás un invento, una necesidad del alma.
El amor atraviesa distancias, el amor no conoce de kilómetros. El amor no sólo es tocar a la persona, es sentirla tan dentro tuyo que la tengas siempre presente en tu mente. Amor es saber esperar, es amar cada día que pasa más, es alimentar las ganas de estar con esa persona que te ha robado el corazón.
La distancia es dura y es el gran dragón el cuál se ha de matar, pero el amor es capaz de construir puentes y amar con más intensidad.
Que gran paradoja es la distancia en ocasiones. Personas que tenemos tan cerca pero que, están tan alejadas de nosotros; y al mismo tiempo personas que habitan a miles de kilómetros, que pueden sentirnos, y que nos conocen tanto como de toda una vida. Por esas personas que nos tienen a diario y les da igual, y otras distantes que darían todo por tener tan solo un día a nuestro lado.
Dicen que los verdaderos amigos pasan largos períodos sin hablarse y nunca cuestionan la solidez de la amistad. Cuando se encuentran, independientemente del tiempo y la distancia, se siente como si se hubieran visto ayer. Entienden que la vida es agitada y que el polvo fino de los días nunca cubrirá lo que sientes por ellos.
- Vargas Tellado, 1998. Del amor y otras sutilezas.
Allí, del otro lado del mundo, donde te busco y no te encuentro, donde te siento y no te veo. Allí, del otro lado del mundo pero justo detrás de tus ojos, donde acaparas pensamientos, donde habitan sentimientos.
Allí, del otro lado del mundo, y yo tan lejos del tuyo.
La distancia es saber valorar un café con tu gente. Con los de siempre. O una cerveza al sol. Es echar de menos pequeños detalles y anécdotas que estando cerca de los tuyos no extrañarías tanto. Es saber a qué sabe un abrazo de bienvenida, aunque sólo sea por unos días. Y que ese sabor se convierta en tu favorito.
O que las despedidas se conviertan en el sabor más amargo que jamás probaste.
La distancia es plantarle cara al mundo un día, hacer las maletas e irse. Es no saber muy bien lo que haces hasta que pasan unos meses. Y cuando empiezas a ser consciente de la decisión que tomaste, seguir adelante. Porque sí. Con un lookpar de cojones. Porque la distancia es eso, arriesgarse. Tener valor. Jugársela sin estar seguro nunca. Tener un pie en un sitio y otro en el otro. Es muchas veces tener una lucha interior entre tus sueños y tus sentimientos.
La distancia es tener días en que deseas poder teletransportarte, incluso más que cuando eras pequeño(a). Y confiar en que, algún día -sin saber cuándo, ni cómo- sea posible. Porque aunque tu cabeza te diga que es imposible, las ganas pueden más que otra cosa.
La distancia son las sorpresas y los detalles. Son las notas de voz eternas, la diferencia horaria, los cumpleaños por Skype y los mil “te echo de menos” por whatsapp. Es acordarse de otra persona al ver o escuchar cualquier cosa, y no poder evitar enviárselo. La distancia es asumir que eres la amiga que nunca está y que tu madre tenga que asumir que eres su hijo(a) invisible, que eso cuesta un poquito más…
La distancia es aprender a vivir por uno mismo, a simplemente ser. Es pasar días muy malos y días muy buenos. Días de querer dejarlo todo y días de querer quedarse ahí para siempre. Es sentirse completamente solo y de golpe darse cuenta de que tu gente está ahí, aunque sea lejos. Y aprender que eso significa que NUNCA estarás solo, porque a veces el corazón va donde la voz no llega.
Porque la distancia separa cuerpos, no corazones. Y desde luego no lo ha conseguido con los nuestros, queridos amigos. Sepan que de 365 días, los necesitamos 366. Que se nos parte el alma cada vez que sabemos que alguno de ustedes no está en un buen momento y no podemos estar a su lado; y que tratamos de llevar la distancia lo mejor que podemos.
A todos aquellos que están lejos: sigan siendo tan valientes como hasta ahora.
Y a nuestra gente que está en casa esperándonos: estamos deseando verlos. Preparen sus abrazos, los necesitamos.
El destino nos había unido porque sabía que encontrarnos era inevitable. Creo que nos hubiésemos conocido aunque hubiésemos sido de continentes diferentes Y, echando la vista atrás, no me equivocaba en absoluto.
La distancia no es un problema; el problema somos los humanos. No sabemos amar sin tocar, sin ver o sin escuchar. Y el amor se siente con el corazón, no con el cuerpo.