Todos vivimos en dos mundos. Está el mundo real, con todos sus hechos y reglas, una lata. Pero todos vivimos también en el mundo que tenemos en la cabeza. Un paisaje interior, un mundo hecho de pensamientos.
No hay más maestro que el enemigo (...) Sólo el enemigo te enseña tus puntos débiles. Sólo el enemigo te enseña tus puntos fuertes. Y las únicas reglas del juego son qué puedes hacerle y qué puedes impedir que te haga.
A partir de ahora soy tu enemigo. A partir de ahora soy tu maestro.