“¿Qué será de mi vida?”, es, pues, la pregunta sin respuesta. La vida, en cambio, nos pregunta a cada uno de nosotros: “¿Qué harás de mí, qué sentido me darás, de qué significados me llenarás, que seré para ti?”. Y esta respuesta no puede darla nadie por nosotros. No es transferible, no es evitable. Responder es vivir. Vivir una vida elegida.
No quiero ser razonable ni lógico. Quiero reventar de risa, quiero divertirme. Quiero hacer algo. Quiero sentarme en un café y pasarme el día hablando. Dios, nosotros tenemos nuestros defectos… pero tenemos entusiasmo. Es mejor cometer errores que no hacer nada.