La alegría me había hecho fuerte, porque (...) me había enseñado que no existe trabajo, ni esfuerzo, ni culpa, ni problemas, ni pleitos, ni siquiera errores que no merezca la pena afrontar cuando la meta, al fin, es la alegría.
Cuando dos personas se aman, no aman de la misma manera. Siempre hay uno que es más fuerte y otro que es más débil. Y el más débil es siempre el que ama sin medida, sin reservas.