Pues no, no te voy a desear feliz Navidad ni feliz año nuevo...
Yo te deseo coraje para decir basta, te deseo que olvides a quien se olvidó de ti, te deseo que puedas cerrar puertas y abrir ventanas, te deseo que no te conformes, que no te quedes con la culpa, te deseo que te atrevas, te deseo que te quieras, te deseo ojeras y risas, te deseo locura y magia, también te deseo errores para aprender, te deseo viento para dejarte llevar, te deseo chispas en la mirada, colores para los días grises, paraguas para las malas tormentas y lluvia para calarte, te deseo "te echo de menos", te deseo abrazos de los que duran toda la vida cuando cierras los ojos, te deseo viajes y nuevos recuerdos, te deseo huracanes de emociones que te hagan sentir, te deseo que te quieran sin que te necesiten, te deseo una nueva canción favorita y una nueva fecha que te haga sonreír, te deseo besos bonitos, brindis con los labios y te deseo ganas... las de seguir.
¿Si el servicio militar es obligatorio, por qué la educación no lo es?
Sueño con el hipotético momento cuando persiguieran a cada joven y le dijeran: Muéstreme sus estudios... ¿No tiene? Listo, para el camión que lo vamos a educar en ciencia, artes y cultura ciudadana porque usted no puede deambular por ahí sin nada que aportarle a su país y a la sociedad.
No vas a recibir nada que no estés dispuesto a buscar, a salir a alcanzar por tu propia cuenta. Hay personas que esperan prosperidad, finanzas y empleo, creen que todo lo que deben hacer es orar. Pero la oración no sólo es útil para pedir, está a nuestra disposición principalmente para adquirir las fuerzas que necesitamos para ir a buscar y salir a alcanzar por nuestra mano. De poco nos sirve la oración sin acción: primero pide, luego busca, y entonces llama.
Nuestro temor más profundo no es que seamos inadecuados. Nuestro temor más profundo es que somos excesivamente poderosos. Es nuestra luz y no nuestra oscuridad la que nos atemoriza. Nos preguntamos:
'¿quién soy yo para ser brillante, magnífico, talentoso y fabuloso?'
En realidad, ¿quién eres para no serlo? Eres un hijo de Dios. Si actúas apocadamente no ayudas al mundo. No hay nada de instructivo en encogerse para que otras personas no se sientan inseguras cerca a ti. Nacimos para manifestar la gloria de Dios que está dentro de nosotros.
No se encuentra sólo en algunos de nosotros, está en todos. Y al permitir que brille nuestra propia luz, de forma tácita estamos dando a los otros permiso para hacer lo mismo.
Al liberarnos de nuestro propio miedo, automáticamente nuestra presencia libera a otros.
-Marianne Williamson De su libro Return To Love
*Esta cita a menudo se atribuye erróneamente a Nelson Mandela porque él usó una parte en su discurso inaugural en 1994.
Es una duda que tienen muchos ¿Es malo ser rico? Piensan que el dinero es malo, a menudo preguntan.
Reflexionando sobre si es malo ser rico
Hoy en día, para todo o casi todo, para vivir una vida cómoda, alegre y feliz necesitamos esa sustancia que se llama dinero.
Muchos se preguntan si es malo ser rico. Necesitamos básicamente vivienda, alimentos, educación, un vehículo o un medio para transportarnos ¿Cómo lo conseguimos? Con dinero.
El dinero no es todo en la vida
Es cierto, principalmente cuenta la felicidad y el amor, sin embargo, en el tiempo que nos toca vivir, casi es indispensable tener el dinero para compartir esa felicidad, amor y abundancia.
Si somos felices y amorosos somos muy afortunados porque la ley de atracción nos trae riquezas y todo lo que necesitamos para realizarnos.
El dinero es un medio de intercambio de dar y recibir, damos nuestros talentos a través de nuestro trabajo eficiente y recibimos dinero que nos sirve para comprar educación, vivienda, alimentos, viajes.
Tenemos familia y deseamos lo mejor para ellos, buena educación para nuestros hijos, darles unas merecidas vacaciones, que vivan en un sitio tranquilo, saludable en paz. Para ello necesitamos una mente dispuesta a lograrlo.
No es malo ser rico
O sea, no es malo ser rico, al contrario, es bueno tener dinero para compartirlo y disfrutar.
Para ayudar a nuestros padres, familiares y allegados.
Para darle a nuestros hijos la educación que requieren, para compartir con nuestra pareja.
Para poder hacer donaciones bien sea a otros que lo necesiten, a niños impedidos, a Instituciones benéficas.
Estaba un hombre sentado en un banco de una plaza donde siempre acostumbraba a quedarse por algún tiempo.
El se relajaba mirando los árboles al sol y al viento, las palomas en búsqueda de alimentos, los ambulantes vendiendo baratijas, los pájaros haciendo nidos, los niños jugando, las campanas de la iglesia repicando, viejitos, jugando a los dados y al dominó. Súbitamente se vio rodeado por 7 fantasmas de rostros cubiertos, y uno de ellos le dijo: - Nosotros somos moradores del futuro. - Y que me vienen a decir? – pregunto él, sintiéndose incómodo. Así, uno a uno comenzó a decir: 1º – Yo soy una tormenta: un día podré llevar todo lo que posees. 2º – Yo soy el Hambre: un día podré llegar y conocerás uno de los mayores dolores que sufre el mundo. 3º – Yo soy el desempleo: un día podré visitarte y no sabrás cómo sobrevivir. 4º – Yo soy un incendio: un día podré dejarte sin techo y sin abrigo. 5º – Yo soy la melancolía: un día podré alcanzarte y perderás las ganas de vivir. 6º – Yo soy la soledad: un día podré golpear tu puerta y no tendrás compañeros para oírte o para conversar. 7º – Yo soy la vejez: cuando Yo llegue, estarás vacío, enfermo y sin metas. De repente, como en un torbellino, los 7 fantasmas hablaban al mismo tiempo, atropelladamente. Poniéndose a respirar hondo, al rato fue reaccionando y, como en un pase de magia, él pudo ver los rostros de los 7 fantasmas.. El hombre, antes relajado y tranquilo, comenzó a temblar. Eran exactamente iguales a él. Él, con decisión, dijo: -¡ Paren! Ustedes son ladrones de paz! ¡Son asaltantes de mentes distraídas! ¡Ustedes son YO mismo! Son mis pensamientos! ¡Ustedes no viven en el futuro! ¡Viven en mi cabeza, pero en ella soy YO quién manda! Y prosiguió: - Aquí aprendí con los árboles que la renovación es posible después de tener sus hojas caídas. - Aquí aprendí con las palomas que siempre habrá más alimento que palomas hambrientas. - Aquí aprendí con los vendedores ambulantes que el empleador no siempre es indispensable y que siempre habrá medios para sobrevivir. - Aquí aprendí con los pájaros que, por cada nido derrumbado, nuevos nidos pueden ser construidos. - Aquí aprendí con los niños que no es necesario ningún esfuerzo para ser feliz y querer vivir. - Aquí aprendí con el tañir de las campanas que, por más solos que estemos, siempre habrá alguien para escucharnos. - Y aquí aprendí con los viejitos, que es posible alcanzar las metas aunque sea venciendo en una apuesta de dados o en un juego de dominó. Poco a poco aquellos 7 fantasmas fueron cambiando sus pesadas expresiones y, abriendo suaves sonrisas, dijeron: 1º – Yo soy la Prosperidad. 2º – Yo soy la Abundancia. 3º – Yo soy el Progreso. 4º – Yo soy la Seguridad. 5º – Yo soy la Alegría. 6º – Yo soy el Compañerismo. 7º – Yo soy la Certeza de que la Vida es Eterna. Sintiendo que había dominado los propios “fantasmas”, el hombre salió caminando suave y tranquilamente en dirección al Mañana…
La gente honesta no triunfa. Escuché estas palabras el otro día, y empecé a pensar qué es el éxito realmente. ¿Ser reconocido? ¿Tener mucho dinero? ¿Poder influir en los demás? Y me di cuenta que realmente es lograr y hacer aquello que te hace feliz. Ese éxito debería medirse por las veces que ríes cada día, por los momentos en que haces algo que te llena de satisfacción, por el tiempo que pasas con personas que te aman de verdad... Y sí, la gente honesta triunfa.
Dicen que una vez, había un ciego sentado en la vereda, con una gorra a sus pies y un pedazo de cartón que, escrito con un marcador negro, decía:
Un creativo de publicidad que pasaba frente a él, se detuvo y observó unas pocas monedas en la gorra. Sin pedirle permiso tomó el cartel, le dio vuelta, tomó un marcador y escribió otro anuncio. Volvió a poner el pedazo de cartón sobre los pies del ciego y se fue. Por la tarde el creativo volvió a pasar frente al ciego que pedía limosna, su gorra estaba llena de billetes y monedas.
El ciego reconoció sus pasos y le preguntó si había sido él quien re-escribió su cartel y sobre todo, qué había puesto. El publicista le contestó: 'Nada que no sea tan cierto como tu anuncio, pero con otras palabras; sonrió y siguió su camino. El ciego nunca lo supo, pero su nuevo cartel decía:
Le pediré al viento que sople tan fuerte se lleve todo lo malo, y que cuando regrese me traiga todo lo bueno.
Le pediré al sol que cuando queme, sean los malos momentos y que cuando caliente otra vez sea cálido y tierno para esos días de soledad y frío. Le pediré a la nube que cuando deje caer la lluvia, enjuague mis lágrimas de dolor y que cuando vuelva las deje caer para mojar mis ojos que de tanto llorar se quedaron secos.
Le pediré a la luna que ilumine mis noches obscuras y tristes, pero que también su resplandor sea complemento para esas noches inolvidables de alegría. Le pediré al cielo que siempre está presente, que cuando pierda la fe y mire hacia él, me recuerde con su azul intenso que la vida está llena de esperanza y de oportunidades. Le pediré al agua que lave mis errores para poder superarlos y que al beberla purifique mi alma. A ti corazón, te pediré que me ames tanto, que cuando este sin ti, pueda sentirte a mi lado.
La daré gracias a Dios por todo lo que me ha dado, para vivir esta vida tan plena, que cuando llegue mi muerte no me quede nada pendiente.
En una breve conversación, un hombre le pregunta a una mujer: ¿Qué tipo de hombre estás buscando?
Ella se quedó un momento callada antes de verlo a los ojos y le preguntó:
¿En verdad quieres saberlo?
Él respondió: Sí.
Ella empezó a decir: Siendo mujer en esta época, estoy en una posición de pedirle a un hombre lo que yo sola no puedo hacer por mí. Yo pago todas mis facturas. Yo me encargo de mi casa sin la ayuda de un hombre. Yo estoy en la posición de preguntar,"¿Qué es lo que tú puedes aportar en mi vida?.
El hombre se le quedo mirando. Y pensó que ella se estaba refiriendo al dinero.
Ella, sabiendo lo que él estaba pensando dijo: No me estoy refiriendo al dinero. Yo necesito algo más. Yo necesito un hombre que luche por la perfección en todos los aspectos de la vida.
Yo busco a alguien que luche por superarse, a alguien con quien conversar y que me motive a ser cada vez mejor. Yo no necesito a alguien mentalmente simple e inmaduro.
Quiero a alguien a quien admirar y que me admire por mí misma.
Yo estoy buscando a alguien que luche por la perfección espiritual, porque yo necesito a alguien con quien compartir mi fe en DIOS. Un hombre que me ame, pero que ame a Dios por encima de todo.
No necesito a un hombre que luche por la perfección financiera porque yo no busco riquezas.
Busco a alguien que se esfuerce y trabaje hombro a hombro conmigo para sostener nuestro hogar, que no sea una carga más en espera de ser mantenido.
Yo necesito a alguien lo suficientemente sensible para que me comprenda por lo que yo paso en la vida como mujer, pero lo suficientemente fuerte para darme ánimos y no dejarme decaer.
Yo estoy buscando a alguien el cual yo pueda respetar.
Para poder apoyar a ese hombre, debo respetarlo y que me respete por lo que valgo.
Busco a alguien en quien pueda confiar, que me respete como su pareja y mejor amiga.
No a un hombre infiel, con un alma tan pobre que me irrespete y se irrespete a sí mismo entregándose a cualquiera solo por un momento de placer banal y animal.
Busco a un hombre que pueda ser digno ejemplo para nuestros hijos, más no una vergüenza para ellos.
Yo aspiro a atender a mi pareja, simplemente él tiene que merecérselo. Dios hizo al hombre y a la mujer en iguales condiciones para apoyarse mutuamente. Yo no puedo ayudar a un hombre inútil, que no se puede ayudar a sí mismo.
Yo busco a un hombre sensible y con buenos sentimientos, porque el conocerá mis sentimientos con sólo mirarme a los ojos. Busco ternura.
Cuando ella terminó lo miró a los ojos y él se veía muy confundido y con interrogantes.
Él le dijo: Estás pidiendo mucho.
Ella le contestó: Yo valgo mucho. - Desconozco el autor
Que el camino venga a tu encuentro. Que el viento siempre esté detrás de ti, que el sol brille cálido sobre tu cara, que la lluvia caiga suave sobre tus campos y, hasta que nos volvamos a encontrar, que Dios te sostenga suavemente en la palma de su mano.
Que vivas por el tiempo que tú quieras, y que siempre quieras vivir plenamente. Recuerda siempre olvidar las cosas que te entristecieron, pero nunca olvides recordar aquellas que te alegraron. Recuerda siempre olvidar a los amigos que resultaron falsos, pero nunca olvides recordar a aquellos que permanecieron fieles. Recuerda siempre olvidar los problemas que ya pasaron, pero nunca olvides recordar las bendiciones de cada día. Que el día más triste de tu futuro no sea peor que el día más feliz de tu pasado.
Que nunca caiga el techo encima de ti y que los amigos reunidos debajo de él nunca se vayan. Que siempre tengas palabras cálidas en un anochecer frío, una luna llena en una noche oscura, y que el camino siempre se abra a tu puerta. Que vivas cien años, con un año extra para arrepentirte. Que el Señor te guarde en su mano, y no apriete mucho su puño.
Que tus vecinos te respeten, los problemas te abandonen, los ángeles te protejan y el cielo te acoja. Y que la fortuna de las colinas Celtas te abrace. Que las bendiciones de San Patricio te contemplen. Que tus bolsillos estén pesados y tu corazón ligero. Que la buena suerte te persiga, y cada día y cada noche tengas muros contra el viento, un techo para la lluvia, bebidas junto al fuego, risas para que te consuelen aquellos a quienes amas, y que se colme tu corazón con todo lo que desees.
Que Dios esté contigo y te bendiga, que veas a los hijos de tus hijos, que el infortunio te sea breve y te deje rico en bendiciones. Que no conozcas nada más que la felicidad, desde este día en adelante. Que Dios te conceda muchos años de vida, de seguro Él sabe que la tierra no tiene suficientes ángeles. Que el camino salga a tu encuentro. Que el viento siempre esté detrás de ti y la lluvia caiga suave sobre tus campos ...
El señor entusiasmado le respondió: "Nosotros teníamos una vaquita que cayó por el precipicio y murió, de ahí en adelante nos vimos en la necesidad de hacer otras cosas y desarrollar otras habilidades que no sabíamos que teníamos, así alcanzamos el éxito que sus ojos vislumbran ahora."
La moraleja samurai nos dice: Todos nosotros tenemos una vaquita que nos proporciona alguna cosa básica para nuestra sobrevivencia, la cual convive con la rutina y nos hace dependientes de ella y nuestro mundo se reduce a lo que la vaquita nos brinda.. Tu sabes cual es tu vaquita mental que te estanca y no dudes un segundo para empujarla por el precipicio para poder emprender nuevas actividades y desarrollar nuevas habilidades.