Procrastinar

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Si quieres ser feliz, deja de comprar cosas y viaja...


Si quieres ser feliz, deja de comprar cosas y viaja, porque viajar es la única cosa por la que pagas pero te hace mas rico. Por que viajar es cambiarle la ropa al alma. Porque no viajamos para escapar de la vida, sino mas bien, para que la vida no se nos escape y porque si estuviéramos hechos para estar en un solo lugar, tendríamos raíces en lugar de pies.

- Desconozco el autor


He aprendido que si hemos de abandonar un lugar amado, en el cual se encuentra nuestro ayer...


He aprendido que si hemos de abandonar un lugar amado, en el cual se encuentra nuestro ayer, cualquier manera de hacerlo es buena, excepto morosamente. Debe uno irse sin tardanza. Nunca hay que volver la mirada atrás, ni creer que la hora pasada fue mejor; esa hora está muerta. Los años pasados parecen nuestros, pues los hemos conquistado, mientras que el futuro flota en una nube, y se ve abrumador a la distancia. Pero la nube se disipa a medida que nos internamos en ella. Esto es algo que he aprendido, aunque ya tarde, como tanta gente.

- Berry Markham

Dicen que la distancia es un impedimento...


No tardes en darte cuenta lo mucho que te he querido y lo mucho que seguiré queriéndote. Si miras más allá del horizonte, te darás cuenta de que existe un lugar en el que hay alguien que lo daría todo por ti. No me basta con saber que existes, quiero darme cuenta de que eres real. Cuántas noches te he soñado estando despierto o dormido; en cuántos insomnios me has acompañado aún sin saberlo, y te agradezco. Dicen que la distancia es un impedimento, pero yo nunca he sentido a alguien tan cerca como te he sentido a ti. Ellos no saben que el amor sigue siendo amor a pesar de los kilómetros. Sucede que te quiero tanto que planeo dejar mi vida por ir al encuentro de la tuya. Y cuando llegue espero encontrarte sonriendo; con el mismo semblante del que me enamoré. No pierdas tu sonrisa, que yo ya tengo la mía lista para cuando te vea; no pierdas el encanto en tu mirada, que yo ya me he preparado para contemplarla sin cansarme. No me importa si tengo que esperar mucho, si el tiempo decide alargarse, yo te seguiré queriendo porque he tenido el privilegio de nacer para eso.

- Heber Snc Nur



♪ ♫ ♩ ♬
Si pudiera volver a nacer 
te vería cada día amanecer 
sonriendo como cada vez, 
como aquella vez. 

Creo en el poder del arte como un gesto poético...

Marcos Temoche, Artista visual 

Creo en el poder del arte como un gesto poético, un gesto poderoso que puede generar reflexión y poner en evidencia cuestionamientos que forman parte de nuestra sociedad y generar un proceso de sensibilización a través del contacto directo con la obra... Any Where se desarrolla desde un proceso íntimo, mi propio exilio en el Perú en estos últimos cuatro años.

- Marcos Temoche

..porque tener nostalgia en sí no es malo, eso significa que te han pasado cosas buenas y las echas de menos.


Es rara, ¿no? la nostalgia...porque tener nostalgia en sí no es malo, eso significa que te han pasado cosas buenas y las hechas de menos. Yo por ejemplo no tengo nostalgia de nada, porque nunca me a pasado nada tan bueno como para echarlo de menos...eso si que es una putada...¿Se podrá tener nostalgia de algo que aún no te a pasado? porque a mi a veces me pasa...me pasa que me imagino como van a ser las cosas...y luego me da pena cuando me doy cuenta de que aún no han pasado y que quizás no pasen nunca, y entonces me entra nostalgia, y me pongo super triste, pero es como una tristeza a cuenta, como la fianza de cuando alquilas una casa pero con tristeza, que la pones por delante porque total sabes que la vas a acabar utilizando igual...

—¿Sabías que el mar aquí es muy importante?
—No hay mar aquí.
—Por eso, es dónde más se piensa en él. Las cosas no son importantes porque existen, son importantes porque se piensa en ellas. Mi madre lo dice siempre, que existimos porque alguien piensa en nosotros y no al revés. Dice que lo dijo no se quien, pero yo creo que se lo inventa ella. Se lo inventa todo según le convenga. Yo en realidad, no creo mucho en Dios, ni soy muy religiosa ni nada; mi madre si lo es, yo no. Lo único, si he pensado... y creo que... bueno que lo peor no sería que no hubiera nada después de la muerte, lo peor seria que hubiera otra vida. Y que fuera como esta.

-Films: Princesas - Pensar y existir



¿Por qué hay gente que se cambia de país?

Migración  Canaria-Venezuela. Los barcos fantasma, La Elvira -1949

¿Por qué hay gente que se cambia de país? ¿Qué la empuja a desarraigarse y dejar todo lo que ha conocido por un desconocido más allá del horizonte? ¿Qué le hace estar dispuesta a escalar semejante Everest de formalidades que le hace sentirse como un mendigo? ¿Por qué de repente se atreve a entrar en una jungla foránea donde todo es nuevo, extraño y complicado? La respuesta es la misma en todo el mundo: la gente se cambia de país con la esperanza de encontrar una vida mejor.

- Yann Martel



No lo puedo seguir ocultando: nací en el país equivocado.


El sentimiento de no pertenecer a un país

Últimamente cada vez que salgo es un recordatorio de por qué no parezco encajar: hago la cola en el cajero express y la estudiante de medicina de 21 años se tarda una hora cobrando un cheque, la señora de al lado quejándose del mal servicio del banco con un tono de voz lo suficientemente alto como para que la escuche el centro comercial entero, camino por la calle y la gente se mueve a 0,001 kilómetros por hora, el sol eterno, el calor asfixiante, la viveza, las mentes cerradas y retrógradas, el pana que te limpia el parabrisas sin tu permiso, que ninguna disco se enfoque en la música que te gusta, el carro con placa de neón azul que maneja a la velocidad de la luz mientras reproduce “Ready to Love” de Dyland & Lenny con el bajo distorsionado y que se come la luz roja en el proceso.

Recuerdo cuando era pequeño y me costaba hacer amistades. Creo que esto no se trata solo del país, sino que siempre me he sentido como un forastero. En secundaria tenía pocos amigos porque la mayoría me parecía inmaduro y que no valía la pena mi tiempo. Tenía una profesora que me decía en esa época que era muy maduro para mi edad, y que no se me iba a hacer fácil hasta salir de ahí. Ese sentimiento estaba presente hasta con una parte de mi familia. Casi nunca iba a las reuniones y cuando lo hacía, no estaba cómodo. El escándalo, el vallenato a todo volumen, mi madre invitándome a bailar “Tu lo que quieres que te Coma el Tigre”, los cuentos de cómo mi tío ordeñó su primera vaca en la finca, la historia de la señora que mandó a callar a mi madre mientras iba en un bus hasta Sinamaica y ese tipo de cosas que por mucho que trataba de pretender que estaba interesado en la conversación, desearía que estuviésemos hablando de otras cosas. Pero uno no escoge a su familia, y así como son igual los quiero.

Para lo que hago, aquí es difícil salir adelante. Aunque últimamente creo que para cualquier joven recién graduado es casi imposible echar pa’ lante. Tengo la suerte de que cuento con unos padres y una hermana que me han apoyado en todo. Desde que les dije a los 11 años que quería ser director de cine, pensaron que se trataba de una etapa, como cuando quise ser astrónomo, pero con el tiempo se dieron cuenta de que la cosa iba en serio y en vez de obligarme a estudiar medicina, alguna ingeniería o cualquier otra carrera que “diera cobres”, sabían que esa pasión no la podían detener. Cada vez que necesitaba algo para mi cámara o para un rodaje, era otro recordatorio: en mi país no se consigue nada, o si existe, tienes que ir del norte al sur o de estado a estado a ver si encuentras un cable específico que va del micrófono al grabador digital.

Cuando viajé por primera vez a Londres y me bajé del bus que me llevó de Gatwick a Westminster, percibí de inmediato una sensación de familiaridad con el lugar. Las largas caminatas de la estación del metro hasta el vagón, el ritmo vertiginoso y frenético de sus habitantes, la forma de vestir, el ambiente opaco del invierno, el orden, la limpieza. Es como si todo ese tiempo la ciudad había estado esperando por mí. Mientras me sentaba en una banca y admiraba el entorno me di cuenta de que estaba llenando un vacío que no sabía que tenía.

Una semana después quería convencerme a mí mismo de que solo era la sensación de novedad, pero en el fondo sabía que era algo más profundo que eso, estaba abrumado con sentimientos de pertenencia. Se supone que uno llama “hogar” a su país de nacimiento, y en ese momento sentía que estaba traicionando a Venezuela, ya que mi conexión emocional con el lugar donde nací se estaba empezando a disipar progresivamente. Mientras iba en el tren de regreso al aeropuerto, empecé a sentir tristeza, como si me estuvieran quitando algo que me pertenecía.

¿Qué querrá decir todo esto? ¿De verdad algunos nacemos en el país equivocado? ¿Los nacionalistas entenderán este sentimiento? Esta última pregunta que me hago sí estoy convencido de que es un “no”. Es bueno ser nacionalista, hasta cierto punto. Yo nunca lo he sido, aunque estoy agradecido por todas las cosas que he podido sacar gracias a nuestra idiosincrasia. A mí me gusta contar historias, y en este país se ven tantas cosas que siempre hay material para escribir. Pero hay que tener cuidado con el nacionalismo, a veces no deja ver la realidad. Siempre escucho las frases “el problema no es Venezuela, es la gente”, “no es el país, es el gobierno”, pero después me detengo a pensar ¿qué hace a un país? y la primera respuesta que me viene a la mente es la gente. ¿De qué sirve tener paisajes bonitos y ganar concursos de belleza si la sociedad deja mucho que desear? No todos los venezolanos son así, de eso estoy claro, pero al parecer otra gran parte no tiene cultura y no sé como avanza una sociedad sin ello.

“Vete de una vez, el país no te necesita”, estarán pensando algunos. Pero tranquilos, tarde o temprano los dejaré en paz. A pesar de todo, todavía me pregunto si es que yo no encajo en el país o el país no encaja conmigo.

- Alejandro Hernández

Lo más duro de este día son los asientos vacíos...


Asientos vacíos

Lo más duro de este día son los asientos vacíos, 
el tío que ya no contará sus malos chistes,
la tía que ya no llegará con su ensalada especial, 
mamá sin su extravagante perfume de flores,
papá sin sus canciones clásicas y ruidosas.
Pero... hay asientos ocupados, vale la pena ser feliz por ellos, 
no por no echar de menos a los que se han ido,
pero sino ¿cuándo aprenderé a vivir el día a día?
Hoy solo abrazaré los recuerdos,
pero sin quitar mi corazón del presente.

-Gilraen Eärfalas

Porque la distancia separa cuerpos, no corazones.


La distancia es saber valorar un café con tu gente. Con los de siempre. O una cerveza al sol. Es echar de menos pequeños detalles y anécdotas que estando cerca de los tuyos no extrañarías tanto. Es saber a qué sabe un abrazo de bienvenida, aunque sólo sea por unos días. Y que ese sabor se convierta en tu favorito.

O que las despedidas se conviertan en el sabor más amargo que jamás probaste.

La distancia es plantarle cara al mundo un día, hacer las maletas e irse. Es no saber muy bien lo que haces hasta que pasan unos meses. Y cuando empiezas a ser consciente de la decisión que tomaste, seguir adelante. Porque sí. Con un lookpar de cojones. Porque la distancia es eso, arriesgarse. Tener valor. Jugársela sin estar seguro nunca. Tener un pie en un sitio y otro en el otro. Es muchas veces tener una lucha interior entre tus sueños y tus sentimientos.

La distancia es tener días en que deseas poder teletransportarte, incluso más que cuando eras pequeño(a). Y confiar en que, algún día -sin saber cuándo, ni cómo- sea posible. Porque aunque tu cabeza te diga que es imposible, las ganas pueden más que otra cosa.

La distancia son las sorpresas y los detalles. Son las notas de voz eternas, la diferencia horaria, los cumpleaños por Skype y los mil “te echo de menos” por whatsapp. Es acordarse de otra persona al ver o escuchar cualquier cosa, y no poder evitar enviárselo. La distancia es asumir que eres la amiga que nunca está y que tu madre tenga que asumir que eres su hijo(a) invisible, que eso cuesta un poquito más…

La distancia es aprender a vivir por uno mismo, a simplemente ser. Es pasar días muy malos y días muy buenos. Días de querer dejarlo todo y días de querer quedarse ahí para siempre. Es sentirse completamente solo y de golpe darse cuenta de que tu gente está ahí, aunque sea lejos. Y aprender que eso significa que NUNCA estarás solo, porque a veces el corazón va donde la voz no llega.

Porque la distancia separa cuerpos, no corazones. Y desde luego no lo ha conseguido con los nuestros, queridos amigos. Sepan que de 365 días, los necesitamos 366. Que se nos parte el alma cada vez que sabemos que alguno de ustedes no está en un buen momento y no podemos estar a su lado; y que tratamos de llevar la distancia lo mejor que podemos.


A todos aquellos que están lejos: sigan siendo tan valientes como hasta ahora.

Y a nuestra gente que está en casa esperándonos: estamos deseando verlos. Preparen sus abrazos, los necesitamos.

- Desconozco el autor

Que Dios te sostenga suavemente en la palma de su mano.


Oración Irlandesa

Que el camino venga a tu encuentro. Que el viento siempre esté detrás de ti, que el sol brille cálido sobre tu cara, que la lluvia caiga suave sobre tus campos y, hasta que nos volvamos a encontrar, que Dios te sostenga suavemente en la palma de su mano. 

Que vivas por el tiempo que tú quieras, y que siempre quieras vivir plenamente. Recuerda siempre olvidar las cosas que te entristecieron, pero nunca olvides recordar aquellas que te alegraron. Recuerda siempre olvidar a los amigos que resultaron falsos, pero nunca olvides recordar a aquellos que permanecieron fieles. Recuerda siempre olvidar los problemas que ya pasaron, pero nunca olvides recordar las bendiciones de cada día. Que el día más triste de tu futuro no sea peor que el día más feliz de tu pasado. 

Que nunca caiga el techo encima de ti y que los amigos reunidos debajo de él nunca se vayan. Que siempre tengas palabras cálidas en un anochecer frío, una luna llena en una noche oscura, y que el camino siempre se abra a tu puerta. Que vivas cien años, con un año extra para arrepentirte. Que el Señor te guarde en su mano, y no apriete mucho su puño. 

Que tus vecinos te respeten, los problemas te abandonen, los ángeles te protejan y el cielo te acoja. Y que la fortuna de las colinas Celtas te abrace. Que las bendiciones de San Patricio te contemplen. Que tus bolsillos estén pesados y tu corazón ligero. Que la buena suerte te persiga, y cada día y cada noche tengas muros contra el viento, un techo para la lluvia, bebidas junto al fuego, risas para que te consuelen aquellos a quienes amas, y que se colme tu corazón con todo lo que desees. 

Que Dios esté contigo y te bendiga, que veas a los hijos de tus hijos, que el infortunio te sea breve y te deje rico en bendiciones. Que no conozcas nada más que la felicidad, desde este día en adelante. Que Dios te conceda muchos años de vida, de seguro Él sabe que la tierra no tiene suficientes ángeles. Que el camino salga a tu encuentro. Que el viento siempre esté detrás de ti y la lluvia caiga suave sobre tus campos ...
 
... ¡así sea cada año y para siempre!





Cuando los hijos se van... No es que se van... es que la vida se los lleva.


Cuando los hijos se van...
No es que se van... es que la vida se los lleva.

Ya no diriges, aceptas…No mandas, acompañas… No proyectas, respetas… Ya necesitan otro amor, otro nido y otras perspectivas… Ya les crecieron alas y quieren volar… Ya les crecieron las raíces y maduraron por dentro… Ya les pasó las borrascas de la adolescencia y tomaron el timón… Ya miraron de frente la vida y sintieron el llamado, para vivirla por su cuenta…Ya saben que son capaces de las mayores aventuras y de la más completa realización… Ya buscarán un amor que los respete, que quiera compartir sin temores ni angustias las altas y las bajas en el camino y, que los ayude en el fin que quieren conseguir… Y si esa primera experiencia fue equivocada, tendrán la sabiduría y las fuerzas para superarla, así, otro amor les llegará para compartir sus vidas en armonía… Ya no les caben las raíces en tu maceta, ni les basta tu abono para nutrirse, ni tu agua para saciarse, ni tu protección para vivir… Tú quedas adentro, en el cimiento de su edificio, en la raíz de su árbol, en la corteza de su estructura, en lo profundo de su corazón… Tú quedas atrás, en la estela luminosa que deja el barco al partir, en el beso que le envías, en la oración que elevas… en la lágrima que los acompaña…

Quédate justo ahí, donde el amor se siente ...


Quédate justo ahí,
donde el amor se siente y
 y se revierte en las venas como un huracán.
En ese lugar donde te respiro
 y te huelo aunque 
estés al otro lado del mundo.

- Abril Paz


De cuanto has cambiado tu...


No hay nada como volver a un lugar que no ha cambiado, para darte cuenta de cuanto has cambiado tu...

- Frase atribuida a Nelson Mandela

Emigrar sin los hijos no es un proceso fácil, y requiere de mucha valentía y fortaleza


El duro proceso de emigrar sin hijos.

Desde cualquier punto de vista que se vea, emigrar suele ser un proceso difícil, especialmente cuando la mayoría de tus afectos se quedan en tu país de origen o no emigran contigo. Sin embargo, cuando hay niños de por medio el proceso se suele complicar, porque muchas veces los padres no pueden llevarse a los niños desde un principio, y allí comienza el duro proceso de emigrar sin hijos.

Para algunos esto parecerá una idea descabellada o impensable, el simple hecho de dejar a los hijos al cuidado de alguien más resulta aterrador, llegando a tildar incluso a las personas que lo hacen como irresponsables o malos padres.

Lo cierto es, que si lo vemos desde otra óptica, si de pos si emigrar es una decisión que requiere de mucha valentía, hacerlo sin los hijos requiere de mucha más valentía aún, y en la mayoría de las ocasiones es un acto o decisión que aunque dura de tomar, denota mucha responsabilidad.

¿Por qué el emigrar sin hijos es un acto responsable? Pues analicemos bien todo el proceso. Actualmente, en distintos países de Latinoamérica y el mundo se están viviendo diversas situaciones que obligan a las personas y a las familias a buscar otros horizontes. Algunos, con un poco de planificación, determinación y suerte, logran organizar todo antes de irse, trabajo, vivienda y hasta el colegio de los niños, y cuando llegan al nuevo país, en pocos días están completamente establecidos y solo les queda adaptarse.

Sin embargo, no todo el mundo tiene estas posibilidades, algunos en medio del desespero deciden irse a probar suerte en otro país, sin un trabajo o una vivienda, por lo que al principio, son meses de mucha inestabilidad. Mudarse de un apartamento a otro, pasar de un trabajo a otro hasta encontrar uno más estable, entre otras cosas. Por lo que arrastrar a los niños a situaciones como estas, sería aún más complicado.

Recordemos que emigrar conlleva un proceso de duelo, porque se deja atrás muchas de las personas, los lugares y las cosas que se aman, y debemos adaptarnos a unas nuevas. Para un adulto toma su tiempo procesarlo y adaptarse, es difícil, para un niño lo es aún más.

Así que sí, en muchas ocasiones emigrar sin los hijos es un acto de mucha responsabilidad, porque solo se busca estar bien establecidos para luego poder llevar a los hijos y que no tengan que pasar por las mismas circunstancias que pasaron sus padres.

Ahora bien, para emigrar sin los hijos y hacer que el proceso sea lo más tranquilo posible, es necesario tomar en consideración ciertas recomendaciones. Se debe establecer un plan a corto y mediano plazo, porque si aún no podemos brindarle estabilidad a los hijos en el nuevo país, al menos podemos brindarles la seguridad del reencuentro.

Se debe considerar la edad de los niños, el tipo de apego, y sobre todo las personas que se encargarán de su cuidado en ausencia de los padres. Por ejemplo, la idea de emigrar sin un hijo de menos de dos años, es sin duda alguna casi imposible, puesto que a esta edad necesitan mucho de sus padres, especialmente de mamá.

El tiempo que los padres pasarán alejados de los niños también es sumamente importante a considerar, ya que lo ideal es que este no exceda a un año. Un año debería ser un tiempo más que suficiente para poder encontrar estabilidad en el nuevo país, de lo contrario, quizás ese la migración no sea tu mejor opción.

La comunicación también es sumamente importante. Cuando un niño debe despegarse por una u otra razón de su progenitor, suele necesitar mayor comunicación con él o ella, por lo que mantener comunicación constante con los niños les ayudará con su proceso de duelo, a adaptarse a la distancia y a sentirse seguros de que sus padres están para ellos a pesar de que no se encuentren en el mismo lugar.

Y, con la tecnología con la que contamos actualmente, con videollamadas, chats de whatsapp, notas de voz, redes sociales, entre otras cosas, mantenerse en contacto con los hijos no debe ser difícil.

Es además importante brindar y recalcarle al niño la seguridad de que la separación será momentánea. Explicarles desde antes de la partida que deberán separarse por un tiempo, que papá o mamá (o ambos) estarán trabajando para buscar un mejor futuro para ellos, y que cuando tengan todo lo necesario podrán estar juntos de nuevo.

Es importante prepararlos porque en estos casos los niños deberán enfrentar un doble proceso de duelo, el primero al separarse momentáneamente de sus padres, y el segundo cuando finalmente pueden irse y deben dejar al resto de sus afectos.

Como padres es importante llenarse de valor, establecer un plan real evaluando todo tipo de contingencias, y pensar en las diferentes opciones, de manera que puedas estar preparado ante cualquier adversidad. No es un proceso fácil, y requiere de mucha valentía y fortaleza de tu parte para poder sobrellevarlo.

Sin embargo, siempre y cuando tengas un norte, con tus prioridades establecidas y trabajes duro por conseguir lo que necesitas, verás que más temprano que tarde podrás estar nuevamente disfrutando de tus hijos y con ellos, todos en un mismo lugar de residencia.

- Andrea Sánchez, Psicóloga 

Lo que nadie te dijo acerca de mudarte a otro país en tus 20s



Cambios, nostalgia, alegrías, y sorpresas. Cuida tu pasaporte, y recuerda siempre de dónde vienes y hacia dónde vas.


1. No importa qué tanto te consentían en casa, vas a madurar

2. La primera etapa que vas a pasar es la de turista: le tomarás fotos a todo y todo te encantará.

3. Luego te darás cuenta del cambio, y estarás deprimido por un corto tiempo.

4. Después entrarás en la etapa hater: lo odiarás y criticarás casi todo.

5. Finalmente, llega la etapa de la normalidad: te adaptarás a todo

6. Si viajas en pareja todo será más barato

7. Y si viajas solter@ es probable que consigas novi@ más rápido de lo que esperas

8. En las fechas importantes habrá momentos en que extrañarás todo

9. Tus mejores amigos estarán muy lejos

 10. Y aunque harás amistades nuevas

11. … nunca serán igual que ellos

12. Aprenderás a vencer los obstáculos más rápido

13. Comenzarás a parecerte mucho a tu mamá; en serio, mucho más de lo que quisieras

14. Valorarás a tu familia como nunca lo hiciste

15. Compararás el lugar de donde vienes con el país en donde estás

16. Ten por seguro que cambiarás, pero en el fondo siempre seguirás siendo tú mismo.

17. Si te tomas las cosas con calma, verás que te empezarán a llegar oportunidades

18. Y tus sueños se irán cumpliendo poco a poco

19. Vivirás en la nostalgia

20. Pero, la felicidad llegará a ti cuando te des cuenta que hiciste la mejor elección de tu vida

21. Y que aún tienes un largo camino por recorrer


Fuente: https://www.buzzfeed.com/gretaalvarez?language=es

Recomendaciones para evitar la depresión migratoria: "Al país que fueres, haz lo que vieres".


La coach Glenda Travieso especifica una serie de recomendaciones para que los inmigrantes se adapten a su nuevo estilo de vida

El inmigrante debe manejar la nostalgia sobre su país de origen para no caer en depresión.

En tiempos recientes, emigrar se ha convertido en un fenómeno cada vez más común. Bien sea que las personas se vean empujadas a hacerlo debido a la crisis económico-política que vive en sus países o por la motivación a explorar nuevas culturas y costumbres. Lo cierto es que es un proceso emocionalmente complejo pues conlleva desprenderse de afectos y cosas, aunado a la incertidumbre de no saber "con qué nos vamos a encontrar en el país destino", pues por muchas veces que se haya visitado dicho país en calidad de turista y se sienta uno familiarizado con el mismo, son dos perspectivas diametralmente opuestas.

En lo particular, durante estos últimos cinco años, he experimentado dos procesos migratorios desde que salí de Venezuela, mi país natal en el año 2011, ambos bajo diferentes condiciones. Sin embargo, en cada uno de ellos, tanto mi esposo como yo hemos puesto a prueba nuestra capacidad de adaptación al tener que aceptar y aprender costumbres, comidas, modismos, etc., aceptando y aplicando lo que reza el dicho: "Al país que fueres, haz lo que vieres".

Tal como lo describe el Dr. Czechowicz, psiquiatra y emigrante, en su libro Inteligencia Migratoria, emigrar requiere tener todo un conjunto de habilidades y destrezas emocionales, psicológicas y sociales que nos faciliten la adaptación y la inserción exitosa a una nueva realidad social y cultural en un país diferente. Que no se trata de agarrar nuestras maletitas y decir "me voy porque estoy harto de este país", sino de evaluar si estamos preparados, sobre todo emocionalmente, para enfrentar un reto de tal magnitud.

No todo ha sido perfecto. Sin embargo, lo importante aquí no es negarnos a sentir la emoción, o fingir que todo marcha sobre ruedas aunque estemos sintiendo que el mundo se nos viene abajo. Sino detenernos a pensar qué está tratando de decirnos sobre nosotros eso que estamos sintiendo. Se trata de no permitir que nuestros pensamientos sean secuestrados por las preocupaciones, impidiéndonos pensar y actuar en consecuencia, sino al contrario, extraer de la circunstancia el máximo aprendizaje para invertirlo en la construcción de un futuro.

He aquí algunos tips que quiero compartirles:

1.- Ser flexible. Estar dispuestos a deshacernos de viejos paradigmas, o de algunas creencias, que seguramente en esta nueva etapa de nuestras vidas, ya no serán de utilidad. Como aquella de pensar que ya sabemos todo y que por ende ya no hay mucho más que aprender, o la de sentirnos internamente superiores. Creer que las cosas no cambian, resistirnos a incorporar nuevos hábitos o costumbres, o sacar conclusiones precipitadas sobre aquellos quienes nos rodean sin darnos el permiso tan siquiera de conocerlos. No aferrarnos a nuestras creencias disminuye la posibilidad de un conflicto emocional interno y nos ayuda a armonizarnos con el entorno.

2.- Vivir añorando lo que se dejó. No se trata de distanciarse de su gente o de olvidar sus costumbres. Se trata de estar cien por ciento presente en su nueva vida, en este reto que decidió emprender, y cuyo resultado dependerá de su capacidad para ejecutarlo y comprometerse con el mismo. Compromiso que en ocasiones se ve mermado por la nostalgia que nos genera lo que se dejó en el país de origen. Esta ambivalencia de estar físicamente en un país pero mentalmente en otro es un caldo de cultivo para que se desate una depresión. Por eso el emigrar debe ser una decisión tomada de manera consciente, teniendo en cuenta los pros y los contras para que el impacto emocional sea menor.

3.- Prepararse para enfrentar los cambios. En el país de destino usted probablemente ya no tendrá el reconocimiento profesional al que solía estar acostumbrado, por lo tanto, quizás necesite aprender un nuevo oficio, o darle un giro a su carrera. Sin embargo, no se martirice pensando en lo que perdió, al contrario, aproveche esta oportunidad que la vida le está brindando, ya sea que haya sido una decisión tomada por voluntad propia o porque las circunstancias así lo obligaron, de acudir a su banco de habilidades y destrezas, algunas quizás olvidadas, por haber pasado mucho tiempo en su zona de confort.

4.- Tenga un propósito. Si tiene que hacer algo que no le guste o le apasione, véalo como una vía para lograr su propósito, pero no lo pierda de vista. Recuerde que nada es permanente y usted tiene la habilidad de elegir qué actitud tomar. Véalo como un periodo de transición que solo usted decidirá cuánto durará dependiendo del tiempo que dedique a convertir su sueño en realidad.

5.- Manténgase activo. Mientras se está en la búsqueda de trabajo es probable que se tenga un exceso de tiempo de libre al cual no se está acostumbrado. Conviene aprender a llenar este espacio de forma constructiva y creativa. Aislarse o volverse sedentario puede atentar contra su salud, no solo física, sino también mental. Una persona que está sedentaria, que no busca hacer algo útil con su tiempo libre, pronto comenzará a llenarse de dudas y cuestionamientos hacia las personas, el sistema, e incluso hacia ella misma. Mantenga su mente activa generando ideas, quizás sobre un nuevo proyecto o adquiriendo nuevos conocimientos. Esto es clave para prevenir cuadros de ansiedad, irritabilidad y depresión.

6.- Ninguna decisión está escrita sobre piedra, algo que aprendí recientemente. Es decir, que aunque usted lleve un plan, ese plan puede cambiar si usted en el camino se da cuenta de que no funciona. No asuma este cambio de rumbo como un fracaso, "simplemente faltaba la información que solo le podía brindar la experiencia", como dice Czechowicz.

7.- Conviértase en un inmigrante activo. Así denomina el Dr. Czechowicz a alguien que "intenta participar activamente buscando información para transformarla en acción, o tratando de integrarse a su nueva comunidad a pesar de los obstáculos que surjan". No se refugie en la queja, enfóquese más bien en las muchas cosas positivas que tiene a su alrededor. Procure entender la cultura del nuevo país, sus normas sociales, sus leyes y las obligaciones que le corresponden.

8.- Acepte que la incertidumbre es parte de la vida. Por lo tanto, es imposible anticiparse a todos los escenarios. Trate de mantenerse aferrado al momento presente, por más que su mente lo quiera llevar al futuro para verlo con preocupación y ansiedad. Tenga presente que muchas de las cosas que hoy le inquietan y sus posibles respuestas, pueden cambiar en el futuro pues nada está escrito. El futuro lo construye usted día a día a través de sus acciones y elecciones de vida. Ocúpese por dar un paso a la vez en el aquí y el ahora. No cabe duda de que emigrar significa un gran reto, pero también una aventura excitante donde hay mucho por aprender, conocer y experimentar. También involucra costos, no solo económicos, sino también emocionales y en algunos casos psicológicos, que aunque mucho de ellos no se pueden predecir, el saber que pueden existir nos hace estar mejor preparados para cuando se presenten.

En todo caso, no debemos asumir el proceso como un sacrificio, pues esto le da una connotación de pérdida en lugar de verlo como una decisión, como lo señala Czechowicz. Decisión que debería estar soportada en un análisis sincero de sus fortalezas, destrezas, capacidad de adaptación y flexibilidad ante la adversidad.

Por último, recuerde que siempre es válido cambiar de decisión, incluyendo regresar a su país de origen. Sintiéndose orgulloso de todo el aprendizaje adquirido, con la seguridad de que se ha transformado en un ser más completo, más humilde, y con una percepción del mundo más amplia que le permitirá emprender una nueva vida.

Fuente: http://www.miamidiario.com/

Mejor no tenerla...