Un pueblo ignorante es un instrumento ciego de su propia destrucción; la ambición, la intriga, abusan de la credulidad y de la inexperiencia de hombres ajenos de todo conocimiento político, económico o civil; adoptan como realidades las que son puras ilusiones; toman la licencia por la libertad, la traición por el patriotismo, la venganza por la justicia
- Simón Bolívar, Del discurso ante el Congreso de Angostura del 15 de febrero de 1819.
Salgamos de una vez. Salgamos a buscar camorra, a defender causas nobles, a recobrar tiempos olvidados, a despilfarrar lo que hemos ahorrado, a luchar por amores imposibles. A que nos peguen, a que nos derroten, a que nos traicionen. Cualquier cosa es preferible a esa mediocridad eficiente, a esa miserable resignación que algunos llaman madurez.
La vi haciendo sus maletas, y dentro de mí pensaba, ¿qué va a sucederme cuando te vayas? No había recurrido nunca a la idea de que las personas tienen la capacidad de destruirte, aún cuando habían jurado no hacerlo.
Chow: Le parecerá raro pero quiero preguntarle algo. El bolso que llevaba esta noche, ¿dónde lo compró?
Su: ¿Por qué lo pregunta?
Chow: Es tan elegante, quiero comprarle uno a mi mujer.
Su: Es usted tan bueno con su mujer…
Chow: No realmente. Mi mujer es muy difícil (…). Pronto será su cumpleaños. No sé qué comprarle (…). ¿Podría usted comprar uno?
Su: A lo mejor no le gusta que sea exactamente igual.
Chow: Es cierto, no se me había ocurrido (…). Eso no les gusta a las mujeres.
Su: Sobre todo si son vecinas.
Chow: ¿Los hay de otros colores?
Su: Se lo preguntaré a mi marido.
Chow: ¿Por qué?
Su: Me lo compró él en el extranjero. Aquí no los hay (…). El caso es que… (…). Yo también quiero preguntarle algo.
Chow: ¿El qué?
Su: ¿Dónde se compró su corbata?
Chow: No sé de dónde viene. La compró mi mujer.
Su: ¿De verdad?
Chow: Me compró ésta en el extranjero. Aquí no las hay.
Su: ¡Qué coincidencia!
Chow : Sí.
Su: El caso es que… mi marido tiene una igual. Dijo que era un regalo de su jefe. Se la pone todos los días.
Chow: Y mi mujer tiene un bolso igual al de usted.
Su: Ya lo sé. Lo he visto (…). ¿Adónde quiere ir a parar? (…) Creía que era la única que lo sabía.
En la antigüedad si alguien tenía un secreto que no quería compartir ¿sabes lo que hacía? Iba a la montaña, encontraba un árbol, escarbaba un hoyo en él y le susurraba su secreto. Luego lo cubría con barro. Y dejaba el secreto ahí para siempre.