Quiero dormir con él, en el sentido más inocente de la palabra. Quiero darle un beso de buenas noches, apagar la luz y acostarme a su lado. Quiero estar allí, y oírlo respirar el mismo aire que yo. Quiero compartir la misma cobija y el calor a medida que vas a la tierra del ensueño. Quiero compartir uno de mis lugares favoritos. Quiero abrazarlo y sentir sus brazos envueltos a mi alrededor. Quiero saber si ronca mientras duerme. Quiero ser lo último que él ve en la noche y lo primero que ve en la mañana. Quiero empezar y terminar cada día diciéndole lo mucho que lo amo. Yo lo quiero para mí y podría continuar durante una eternidad explicando el porqué. - Denise Márquez
Hasta mis escritos ya se aburrieron de tu existencia. No volveré a mencionar tu nombre, no volveré a usar mis letras en ti. Se acabaron los “te extraño” y se fueron los “vuelve”. Compré un poco de dignidad, me vestí de un tanto de orgullo, me arreglé la seguridad y te saqué, clavo. Siguiente capítulo.
No sabía dejar ir. Le di muchas oportunidades. A mí me enseñaron a luchar por lo que quería y yo lo amaba y, según mi creencia, renunciar estaba prohibido. Creo que en el fondo me retiraba muy, muy lento; como para darle tiempo de que se arrepintiera del daño que me hacía. Sin mirar atrás, me fui poco a poco. Un paso y luego otro, todos pequeñitos, creyendo que en algún momento me alcanzaría para decirme que había recapacitado y lucharía por nuestra relación. Me pasó que, después de alejarme un poco, volteé a mirar al lugar donde se quedó y él ya se había ido.