-¿Qué quieres decir? ¿Estás loco? -dije, levantando la cabeza para mirarlo a los ojos. -Nunca había tenido algo tan claro en mi vida. Me di la vuelta y me abrí paso hasta la habitación en la que estabas y te vi. No me importaba nada más. Ni siquiera sabía si lo lograríamos o no, solo quería estar donde tú estuvieras, sin importarme las consecuencias. Lo único que temo es una vida sin ti, Paloma. Me levanté y lo besé con ternura en los labios. Cuando nuestras bocas se separaron, sonreí. -Entonces no tienes nada que temer. Vamos a estar juntos para siempre. Él suspiró.