Procrastinar

Mostrando entradas con la etiqueta INDEFENSOS. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta INDEFENSOS. Mostrar todas las entradas

¡Maldito cáncer!


¡Maldito cáncer!

La ciencia ha avanzado tanto, cada año se descubren nuevas cosas; los viajes a Marte parecen cada vez más cercanos, los vehículos se conducen solos, los robots hacen tareas por nosotros. ¡Se descubrió la vacuna contra el coronavirus en menos de un año! Sin embargo, aún no encontramos una cura para el cáncer. Esta enfermedad que existe hace miles de años aún nos quita nuestros queridos ,nos roba la esperanza de un futuro, nos quita una parte de nuestras vidas. Es tan doloroso ver cómo este mal va minando la salud de alguien a quien amamos, encontrarnos -en un abrir y cerrar de ojos- con una sombra de lo que esa persona fue y no poder hacer nada por ayudarle; encontrarnos con las manos atadas y saber que esa llama de vida se escapa lentamente, con un dolor impensable. Esta enfermedad, además, deja a las hogares en crisis económica, porque aunque ‘la salud es un derecho universal’ si no tienes dinero no puedes acceder a un tratamiento de calidad. De la noche a la mañana, nuestro mundo cambia y es demasiado duro entender y aceptar que esa batalla se va perdiendo y nada volverá a ser como antes. El dolor de una enfermedad así nos marca por siempre. 

Nancy Verdezoto

“Jódete, que tú te lo buscaste”.


Mariela, de 4 años, jugaba con los cubiertos en la mesa. Su papá le dijo que se quedara quieta. Pero antes de terminar de darse cuenta de qué le decían, involuntariamente con su codo tumbó el vaso de agua.

“Ahora te jodes y no tomas nada”, le dijo su papá. Y ella, pequeñita, entendió que había que joderse, sin entender muy bien qué era lo que había pasado.

Patricia de 3 años, corría por el patio de su casa. Su abuelo le dijo que no corriera, que  podía caerse y salir lastimada. Un minuto después, Patricia se cayó. “Jódete”, le dijo el abuelito, y ella sintió que tenía la culpa de algo que no sabía muy bien qué era…

Alberto de 5 años, quiso acariciar a un  gatito que vió en la calle, el gatito reaccionó a la defensiva y le arañó. “Jódete”, le dijo su mamá. “Así aprendes a no tocar animales que no conoces”.

...y así, aprendimos a jodernos, a creer que habíamos hecho algo mal, así, aprendimos a decirle al él o a ella que se jodan. 

Así, desde pequeños, se nos desdibujó la compasión, se nos fomentó la saña, se nos apartó de la maravilla de ser un poco más humanos.

Que nadie se joda si podemos decirle a Mariela que juegue, que sea feliz. Que le podemos llenar el vaso de agua las veces que sean necesarias.

Que nadie se joda, si le podemos decir a Patricia que corra, que se divierta, que disfrute de sus piernas, de la brisa en su piel. ¿Y si se cae? Le damos la mano, la ayudamos a que se levante, la abrazamos, y le decimos que una caída no es grave.

Que Alberto sepa que nunca estará mal expresar cariño, aunque el otro no pueda o no sepa recibirlo.

Para que cuando Mariela, Patricia y Alberto sean grandes, no digan por ahí indiscriminadamente: “Jódete, que tú te lo buscaste”.

Para que cuando cuando Mariela, Patricia y Alberto crezcan, no desplieguen el dedito acusador que les movieron cuando aún eran muy inocentes para entender la desidia de sus progenitores. 

-Texto encontradas en la red.

Mejor no tenerla...