jueves, 11 de mayo de 2017

El amor como equipaje, emigrar en pareja


El amor como equipaje

Tener una relación sólida, basada en el respeto y la comunicación, no es que sea un requisito indispensable para emigrar. Pero el amor ayuda, y bastante. Contar al 100% con tu esposo/a o novio/a, saber que esa persona estará a tu lado para enfrentar juntos todo lo que viene, es algo cuyo valor se pierde de vista.

Los que hemos emigrado en pareja sabemos que es un proceso que es más llevadero si se comparte. Bien sea que ambos se involucren desde el principio en toda la planificación, o que por el contrario, uno le haya dicho al otro: “encárgate tú de todo, y me avisas cuando estemos listos para partir”. En algún momento dado, al comienzo o al final, ambos van a converger en el hecho de que están cerrando un ciclo y empezando otro.

Emigrar es un evento de gran magnitud en la vida de cualquiera, que puede sacar lo mejor de cada uno. Pero también el estrés de emigrar puede hacer aflorar rasgos de nuestra personalidad que quizás no se muestran muy a menudo, o que ni sabíamos que teníamos, buenos o malos, que aparecen precisamente por lo desafiante de la situación y que definen nuestra manera de enfrentarla. Gente que al irse de su país se volvió muy echada pa´lante, o por el contrario se encerró en sí misma. Personas que normalmente eran tranquilas y reservadas, y ahora se sienten con más libertad de hacer muchas cosas o inclusive, de reinventarse. En algún momento podemos notar que nuestra pareja se comporta de repente un poco distinto, o hasta nosotros mismos. Total, la experiencia migratoria es novedosa para ambos, y como toda primera vez se pondrá a prueba nuestra capacidad de respuesta.

Es allí donde tenemos que recurrir al elemento más valioso que pudimos haber metido en la maleta: el amor (y sus derivados). Comunicación, empatía, confianza, respeto, apoyo, tolerancia, paciencia, comprensión… todo esto y más lo vamos a necesitar para  manejar las distintas reacciones y emociones (nuestras, de la pareja, de los hijos) ante la cadena de experiencias que se van a suceder desde que abordamos el avión.

Cuando se acaba la primera etapa color de rosa, en la cual nos sentimos como turistas de vacaciones, viene la segunda donde nos toca enfrentar la realidad: Vinimos para quedarnos. Ahora vivimos aquí. De golpe nos llega el desarraigo. Sentirnos lejos de nuestra “zona de comfort”, lejos de nuestra vieja casa, el trabajo que conocemos, el país donde crecimos, la familia extendida y los amigos. Es inevitable comenzar a experimentar una especie de duelo.

Y esperen que hay más… Los primeros meses pueden ser muy retadores, por no decir duros. Los días pasan y aún no tienes trabajo, los ahorros se te van acabando, tu hijo está frustrado porque no entiende el inglés de la maestra y tu esposa está deprimida porque extraña a su mamá. Aún eres nuevo en este país, aquí no tienes muchos amigos ni familia, y a ratos te sientes solo. ¿A quién vas a recurrir a contarle tus penas y preocupaciones? ¿En quién buscarás apoyo?

Te volteas, y allí está junto a tí, tu pareja, compañera de vida y de viaje. Es el momento justo para traer el amor al primer plano y ponerlo por encima de todo lo demás. Incondicional y sin excusas. Si no lo habían hecho antes, es el momento de trabajar en equipo.

No puedo ser más enfática en la importancia de compartir planes, metas, sueños, temores, anhelos, inclusive antes de venir. Siéntense a conversar, planifiquen juntos. Recuerden a menudo los motivos que los hicieron emigrar, los sueños que quieren cumplir en su nuevo país. Si tienen metas individuales, anímense el uno al otro para cumplirlas. Si quieren reinvertarse, que mejor manera de arrancar que contando con el apoyo de tu ser amado. Sean “equipo”, y sobre todo: quiéranse y mucho.

Cuando emigramos nuestra pareja nos necesita más que nunca. Nosotros necesitamos de él o ella más que nunca. Nuestros hijos nos necesitan como padres más que nunca. Son muchas necesidades juntas que cubrir, pero todo eso se puede si hay AMOR.  Es seguro que vendrán momentos difíciles, cada uno con su mezcla de sentimientos, pero la vida familiar, profesional y de pareja continúa y no podemos descuidarla en ningún aspecto. Además, ¿acaso no fué por amor que tomamos la decisión de buscar otros horizontes, ofrecerle una mejor vida a los nuestros y a nosotros mismos?

Es el amor lo que mantiene unidas todas las piezas de este gran plan de vida, así que no olvidemos que es lo primero que se mete en la maleta, y también es lo primero que se saca y se usa todos los días…

- Karla Aguirre




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