jueves, 23 de febrero de 2017

Perdió cien kilos


La abogada Rocío Escudero (31) deslumbra con su espigada figura en los tribunales de Santiago, pero no siempre fue así. Hasta hace seis años pesaba 146 kilos. Y fue víctima de bullying por ello. Pero esas mismas burlas que la hicieron llorar, la movilizaron a adelgazar. En cuatro años bajó casi cien kilos: con dieta, ejercicio y cambiando por completo sus hábitos. También se tiñó rubia y empezó a usar vestidos cortos y tacos altos.

El camino para que Rocío fuera quien es hoy ha sido largo. “Cuando entré a estudiar Derecho dejé de hacer deporte; en el colegio era lanzadora de bala y eso me ayudaba un poco con el peso. Pero en la universidad seguí comiéndomelo todo y me disparé. Pasé de 120 a 146 kilos y ahí toqué fondo”. En este punto unas tías la impulsaron a que bajara de peso, y ella enganchó.

“Estaba atrapada en mi cuerpo. Necesitaba cambiar”. Fue a un nutriólogo, empezó una dieta y se puso a correr. De a poco, fue bajando. Primero adelgazó 20 kilos y se dio cuenta de que podía. Bajó 20 más y empezó a animarse. Cuando llegó a los 90 kilos conoció a alguien y se enamoró. Y eso le dio aún más empuje para seguir. “Bajar casi cien kilos fue como nacer de nuevo”.

“La vida da muchas vueltas”, reflexiona. En 2013, cuando ya había logrado ser la mujer que es ahora, de 54 kilos, volvió a su natal San Fernando y fue a la discotheque más popular del lugar. Un hombre la sacó a bailar. Él le preguntó cómo se llamaba y ella le dijo: “Pero si tú me conoces de toda la vida”. Él la miró extrañado. “Si fuera así estaría casado contigo”, le contestó coqueto. Rocío entonces lo enfrentó, era el compañero que más bullying le había hecho en el colegio y que en ese momento no la reconoció: “No puedo creer que le digas eso a la Karla Guatero, a la Zapallito Italiano, a la Chancha Pigui”, le dijo ella, repitiendo los sobrenombres que le había colgado mientras a él se le desfigurada la cara. “Terminó pidiéndome perdón”, cuenta.

Irónicamente, después de todo el peso que se ha sacado de encima, cuenta que la gente sigue hablando. “Antes me molestaban porque era gorda, ahora porque soy flaca. ‘Se cree Barbie, se siente diva’, me dicen. Pero ya dejó de importarme lo que diga el resto. Ahora creo en mí”.



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