sábado, 25 de febrero de 2017

El amor después del amor


Doce años habían pasado desde la muerte de su marido cuando, en 2005, María Elena Iturriaga (85) –en ese entonces con 75 años– vio en el diario que había fallecido la mujer de su primer y más profundo amor de la vida, Osvaldo Mira (85). Tres meses después de saber la noticia, para el cumpleaños de Osvaldo, tomó la guía telefónica, buscó el teléfono y lo llamó.

–¿Aló? Osvaldo, ¿sabes con quién hablas?− dijo María Elena.

–No, ¿quién es?– preguntó él. –¿No te acuerdas de mí?, soy la

María Elena–, replicó ella, coqueta.

En 1946, ambos con 17 años, se flecharon y se pusieron a pololear. El plan era claro: cuando él terminara el servicio militar y ella egresara de Pedagogía en Inglés se iban a casar. Mientras tanto, vivían de cartas de amor perfumadas y encuentros en el paseo de la Plaza Brasil. Todo era color de rosa hasta que tras un fin de semana un amigo de Osvaldo le dijo: “Vengo de Cartagena y vi a tu María Elena bailando que se las pelaba con otro”. Los celos se apoderaron de Osvaldo y terminó la relación. “Me pasé toda una película. No pude tolerarlo”, dice Osvaldo. Después de cuatro años de pololeo y con los anillos de ilusiones puestos, María Elena no logró convencerlo. “Destrozada le devolví el anillo, las cartas y nunca más supe de él”, dice. A Osvaldo le costó mucho superarlo, tanto que se demoró 38 años en casarse con otra mujer, a los 59 años. Él no tuvo hijos, María Elena tuvo cinco. En 56 años solo se cruzaron en un supermercado, una ferretería y un funeral, encuentros que los dejaba a cada uno pensando en el otro. “Cuando recibí en 2005 ese llamado, después de haber enviudado, sentí que una ventana se abría en la oscuridad”, dice Osvaldo. Ambos sintieron la necesidad de verse. El encuentro fue en el Starbucks del Parque Arauco y ella pidió tomarlo del brazo. “Necesitaba tocarlo, fue como si nunca nos hubiésemos separado”, recuerda María Elena. Se contaron la vida entera y comenzaron a verse todos los días. “Le di un beso y volvimos a pololear a los 76 años”, dice Osvaldo. Dos veces a la semana iban a bailar a Las Brujas y se dedicaron a recuperar el tiempo perdido. El 3 de noviembre de 2006, en una ceremonia solemne con la familia, se casaron simbólicamente y se fueron a vivir juntos. La luna de miel fue en Buenos Aires y para ellos aún no termina.

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