domingo, 17 de abril de 2016

Miedo a despertar sin libertad o de ir a dormir, siendo esclavo


Miedo a despertar sin libertad o de ir a dormir, siendo esclavo,
Miedo a comer con apuro, lo poco que haya que repartir,
Miedo a llorar por dentro, mientras fuera, los rostros callan
Miedo a sentir que la palabra sea causa de pecado y delito,
Miedo a terminar la vida, habiendo estado muerto,
Miedo a enseñar que la desesperanza es el camino a seguir,
Miedo a mirar con vergüenza al infante del otro que aprende a ser victimario, y al de uno, que aprende a sobrevivir, o,
Miedo a todo lo contrario, a que el hijo mío, aprenda a reír con el dolor del tuyo,
Miedo a hundir las rodillas en la tierra, suplicando piedad por cualquier derecho,
Miedo a recontar los muertos para saber que se sigue estando medio vivo, 
Miedo a oscilar tembloroso, entre el miedo a uno mismo y el miedo a ti,
Miedo a encontrar una solitaria lágrima que quema y abrasa la débil piel del rostro de cualquier anciano que mal muere,
Miedo a hacer el amor para no soltar el llanto con la excusa del placer, y disfrazarlo,
Miedo a verter la burla como la única y gran recompensa posible,
Miedo al silencio que habita en los poderosos y al ruido terrible que hacen los que no pueden perder más nada,
Miedo a la orden que siempre tenga la razón aunque esté equivocada,
Miedo a que la ternura sea una muestra de vulnerabilidad y que, por lo tanto sea desdeñada,
Miedo a la soledad del alma que se acompaña, en forma inútil, de muchos cuerpos, que también se saben desolados,
Miedo a que el fracaso sea confundido con el éxito y que, para que lo aprendamos, nos enseñen a doblegarnos,
Miedo a que la señal de la cruz, convoque a los demonios en lugar de ángeles,
Miedo a que la vida sea mayor fuente de dolor de alma que de cuerpo,
Miedo a volver siempre a terminar en lugar de comenzar de nuevo, habiendo aprendido cada vez más,
Miedo a que mis amigos no sean sino fantasmas y a que, mis enemigos me tasen como desecho,
Miedo a que la luz de la luna nos almacene como desmemorias en cualquier desván,
Miedo a que el trabajo de uno, se convierta en lujuria ajena o a que nos convirtamos, por conjuros, en sádicos sofisticados,
Miedo a la luz de cualquier bombillo, por habernos convertido en sombras y, desaparecer,
Miedo a que el perdón no traspase más allá de una intención de madrugada y que, el agradecimiento, que deba hacer, lo transforme en pura soberbia…
Miedo a no saber que el miedo al miedo, sea el origen y el alimento cotidiano de todos mis otros temores.
Miedo a no convertir a mis miedos, en el valor que necesita mi valentía, para enfrentarme, a cada uno de ellos.

-Roberto de Vries

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