viernes, 24 de marzo de 2017

Y… ¿qué hacer frente a la existencia de la otra?


Cuando descubrimos que efectivamente nuestro amado tiene una amante, o nuestro novio juega a dos puntas. ¿Qué harías tú  en ese caso? ¿Te ha pasado?

El sufrimiento que el impacto de tamaña verdad da sobre nuestro corazón nos ensordece, y enceguece tanto que muchas de nosotras amén de seguir de pie, buscan vengarse de la “usurpadora”.

Nos enrolamos en la caza de esa que “ha robado lo nuestro”, que ha “violado nuestra intimidad” y la perseguimos.

Llamadas a su celular a cualquier hora sin decir nada, o mensajes de textos vacíos, la seguimos para verla, queremos saber cómo es, que dice, que piensa; que tan diferente es… nos metemos en su correo, jugamos a hacernos “su amiga”  en las redes sociales; actuamos con cinismo, y nos sentimos orgullosas de eso.


Y todo, ¿para qué? ¿Cuál es nuestra ganancia? ¿Qué obtenemos por pensar que “la segundona” es la culpable? ¿Culpable de qué? De meterse con lo que no es de ella; de fijarse en un hombre casado o con novia; de seducir a un hombre prohibido. Stop. Haz un alto. Ella no es culpable de nada. O a lo sumo si nos ponemos muy exquisitos en todo caso es responsable de romper códigos morales o de no tener una ética o valores que coincidan con los esperados por una sociedad. Pero ella no tiene nada que cuidar.

Él es el culpable, no la amante.

El vínculo violado era tuyo y de tu hombre. Tu hombre era el responsable de cuidar esa unión. Él es responsable de lo que sucedió con el acuerdo de amor que tenían. Él rompió una promesa y desató el derecho al reclamo.

Inculpar a una persona ajena, sólo te hace evadir tu enojo a una dirección incorrecta; si ella hubiera intentado seducir a tu amado y él hubiera dicho NO; no estaríamos hablando de esto.

No te dejes engañar por segunda vez, creyendo que “la carne es débil,” que “no pudo hacer otra cosa,”  que “él no quería pero ella insistía”. Aún si ella insistió mil veces, él acepto. Cada quién atiende su juego, ¿entiendes?, y tu responsabilidad es no evadir el problema.

Vengarte de una mujer que ha posado sus ojos sobre el amor de tu vida, no purga la reacción de él. Sólo la ampara. Y no te deja comprender el panorama.

Hay hombres que engañan porque en su cultura personal existe esa posibilidad para ellos, pero engañar no implica sólo a las mujeres, no son fieles en general.  Hace muchos años conocí a un hombre del cual me enamoré, que me engañó en infinidades de veces; a fuerza de pretender vengarme de él, me quedé a su lado, sufriendo una tras otras su infidelidades; jamás acusé a las amantes de “oportunistas, abusivas, o poco mujeres”; ellas también al igual que yo, habían caído en las redes de su seducción; y el comprender que él era “el responsable de la situación” me permitió comprender que no se trataba de mi cuerpo, de mi edad, de mis gustos, sino de él. No creía en nada. Era un infiel.

Por eso aunque te duela reconocerlo, tu energía mal canalizada no logrará reponerte de la caída. Ella no es la culpable de nada. Es la detonante de algo que pasa en la relación. Del deterioro, del poco compromiso de los miembros, de las carencias, o miserias de cada quién.

-Chuchi González.
Coach Motivacional. [ Blog personal ]

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